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10 de febrero de 2026

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Comunidades Afros en Paraná

El Barrio del Tambor y la Capilla San Miguel Arcángel

Numerosos estudios investigativos han abordado el tema de las comunidades afros en nuestro país, y en particular en la Provincia de Entre Ríos. Nos detuvimos, en primer lugar, en un documento elaborado por los arqueólogos Alejandro Richard y Daniel Schávelzon, titulado “El Barrio del Tambor”. Arqueología histórica en espacios afro de Paraná”, publicado en el año 2021.

Cartel de presentación de la ciudad capital de Entre Ríos, en Parque Urquiza, 44 hectáreas de extensión dividida en tres niveles; costanera alta, media y baja, cada uno de ellos se caracteriza por una particularidad.

Los autores mencionan a César Pérez Colman como el historiador que, en mayor medida, se ocupó en escribir lo que hasta el momento eran relatos orales sobre la presencia de esta etnia en la provincia, en particular en la actual ciudad de Paraná.

            El mencionado historiador consignaba que en la zona norte de la ciudad, en dirección al río, la población estaba formada por morenos, la mayoría esclavos, que celebraban sus danzas africanas, como parte de las manifestaciones artísticas que por tradición conservaban.

El Río Paraná, sobre cuyas barrancas se apoya la ciudad homónima, y puede contemplarse a lo largo de la costanera, desde distintos ángulos; en este caso, desde Parque Urquiza.

Transcribimos un fragmento de su autoría, que incluyen en sus estudios los autores Richard y Schávelzon:

 “Los negros libres y algunos de los sujetos a la esclavitud, habitaban con sus familias en los suburbios del pueblo, formando con sus ranchos primitivos, un barrio en los terrenos situados al norte de la ciudad detrás de la manzana en que se edificó la iglesia San Miguel. En las quintas y laderas de las barrancas, los negros habían levantado una especie de aldea, que trasuntaba el tipo característico de las poblaciones africanas”.

Imagen de la Capilla San Miguel en tiempos en que había sido descuidada, olvidada casi; debieron pasar muchos años hasta que se decidió su restauración, que se llevó a cabo entre 2017 y 2019.

Se relaciona su nombre, el Barrio del Tambor, con la escucha del sonido característico de este instrumento durante las ejecuciones musicales asociadas al candombe.

“Puede que tengamos diferentes religiones, diferentes idiomas, diferentes colores de piel, pero todos pertenecemos a la misma raza, la raza humana”.
 
(Kofi Annan)

Capilla San Miguel, sobriedad, simetría, armonía, en la decoración del interior de la cúpula, particularidades del período arquitectónico neoclásico.

Los autores aclaran que, al realizar trabajos arqueológicos, no buscaban descubrir bajo tierra el Barrio del Tambor, sino elementos que les permitieran entender la dinámica ocupacional de la ciudad en función de la composición étnica en los siglos XVIII y XIX. De ahí, un análisis a partir de los propietarios de esos terrenos y de los fenómenos sociales que en esa época se habían concretado. Por ejemplo, en los documentos que registran las compras de terrenos por parte del Barón Alfredo du Graty, aparecen como vendedoras, o linderas, personas africanas, o que habían mantenido vínculos con personas de ese origen.

La capilla hoy, una estructura compuesta por tres secciones: un bloque central, casi cúbico y una cúpula de seis metros de diámetro, sostenidos por gruesos pilares mediante pechinas. A sus lados hay dos ambientes rectangulares: la sacristía y la casa cural.

Lo antes expuesto se interpreta como disparador de un proceso de gentrificación, es decir, el desplazamiento de la población original por parte de otra de un mayor poder adquisitivo.

“En verdad, en ningún lugar del mundo se termina la historia. El día que las personas dejen de hacer historia, se habrá jubilado el ser humano. Y, entonces, le convendría yacer honestamente bajo tierra”.
 

(Eduardo Galeano)

Restos de elementos que para su construcción original fueron empleados, y que hoy la capilla muestra a sus visitantes.

Un aspecto también relevante se relaciona con sondeos arqueológicos efectuados en el interior y en los alrededores del templo, entre los años 2017 y 2019, a raíz del proyecto de restauración y puesta en valor de la capilla San Miguel Arcángel, para cuyo objetivo se conformó un equipo del que Daniel Schávelzon fueparte. En esas exploraciones, los investigadores hallaron determinados materiales, fragmentos de cerámica entre otros, que les han permitido hipotetizar respecto de la relación de este elemento con las poblaciones guaraníes inmersas en el mundo colonial, y afromestizos paranaenses, ocupando el espacio urbano.

Exhibición de materiales que se habían seleccionado de la industria local; ladrillos de barro cocido, en este caso.

En Estudios Afrolatinoamericanos 4, Actas de las Sextas Jornadas del GEALA, Alejandro Richard hace alusión a relatos de quienes habían recorrido las calles de la ciudad en el siglo XIX, en los que se consigna la presencia afrodescendiente y afromestiza. Autores que indican que la mayoría de los 6000 habitantes de la ciudad eran gente pobre y de color; referencias al toque de tambores y al canto en lenguas africanas; descripción de un corso oficial, con la presencia de una comparsa de “negros africanos”.

“La Historia es el progreso de la conciencia para lograr la libertad”.
 
(Georg Wilhelm Friedrich Hegel)

Pila bautismal, obra jesuítica que la Capilla San Miguel conserva. Estudios sobre la obra de los Jesuitas indican que esta pila, al igual que otros elementos litúrgicos, procede de la misión de Santa Ana, provincia de Misiones -Departamento Candelaria-.

Con respecto a la Capilla San Miguel Arcángel, diferentes estudios han hecho hincapié en posturas divergentes. Disquisiciones que corresponden al mundo científico, que entendemos y respetamos, pero que queda en manos de académicos que alcanzan determinadas conclusiones a partir de un intenso proceso de investigación.

“Cada cultura absorbe elementos de las culturas cercanas y lejanas, pero luego se caracteriza por la forma en que incorpora esos elementos”.
 
(Umberto Eco)

Año 2019: Registro gráfico a cargo de Grupo Croquiseros de Paraná.

Daniel Schávelzon hace alusión a las dos capillas, una junto a la otra, que posee la ciudad de Paraná, con el mismo nombre y advocación: San Miguel Arcángel. La primera, llamada “la Capilla”, olvidada por muchos años, hasta que recién en 2019 fue restaurada y transformada en un espacio histórico y abierta al público. La segunda, inaugurada en 1873, “la Iglesia”, por ser más grande, el lugar de culto religioso, y por estar ubicada frente a una plaza enorme -Plaza Alvear-.

El nuevo templo fue un proyecto del Gobernador Echagüe, quien junto a su esposa colocó la piedra fundamental, en el año 1836; en la ceremonia fue bendecido por el presbítero Álvarez. Sin embargo, por diversas causas, el edificio tardó más de 50 años en terminarse.

La capilla San Miguel Arcángel es el edificio religioso más antiguo de la ciudad de Paraná, y de la provincia de Entre Ríos. La piedra fundamental fue colocada en 1822. Las celebraciones religiosas se realizaron en ella hasta el año 1860. Fueron muchos años de abandono, hasta que en 1998 la Comisión Municipal de Preservación y Defensa del Patrimonio Urbano coordinó una investigación que concluyó en su revalorización y solicitud de Declaratoria como Monumento Histórico Nacional, que se concretó en el mes de diciembre del año 2000.

“La arquitectura es el testigo insobornable de la historia, porque no se puede hablar de un gran edificio sin reconocer en él el testigo de una época, su cultura, su sociedad, sus intenciones”.
 
(Octavio Paz)

En 2015 el Estado Provincial, teniendo en cuenta el valor que la capilla representaba, propuso su reapertura a través de un proyecto de visibilización, con acciones puntuales de consolidación, que garantizaran el acceso del público sin riesgos. Y ante la urgencia de una reparación, el gobierno provincial, en forma conjunta con el Arzobispado de Paraná, definió su restauración y refuncionalización. El día 27 de septiembre de 2019 se produjo la inauguración de la obra.

La capilla actual, muros lisos, y algunas molduras, que distinguen el estilo arquitectónico neoclásico. Al frente, sobre la puerta de entrada, se observa una ventana, estrecha y alta, que en las iglesias de forma basílica iluminan el coro alto, que aquí no existe.

“Trato de entender el lugar en un nivel más profundo que solo los aspectos físicos o ambientales. Incluye también fuerzas culturales e intelectuales”.
 
(Antoine Predock)

Para finalizar…

            El hecho de que hoy podamos escribir un artículo que aborde la temática de las comunidades afros, que nos permita interiorizarnos en el Barrio del Tambor, que nos lleve a hipotetizar, analizar y concluir, sobre sucesos históricos, presencias de etnias diversas, fenómenos sociales que en otras épocas marcaron un rumbo, nos remite a personas que se han comprometido con un fragmento, por momentos olvidado casi, de nuestra historia; profesionales que han llevado a cabo un proceso investigativo en todas sus etapas, que incluye lecturas, exploraciones, análisis, entrevistas, extracción de conclusiones, puntas abiertas a nuevas búsquedas. Y de este modo, cada receptor podrá conocer, entender, confrontar, y seguir tratando esta temática, en tanto y en cuanto forme parte de sus intereses. Pero más allá de lo que cada quien decida hacer con la información que obtiene, la posibilidad de avanzar con este tópico, del que se desprenden varios subtemas, en todas sus dimensiones -histórica, política, social, cultural, religiosa- queda latente.

            Estos académicos -historiadores, arquitectos, arqueólogos, museólogos- han abierto las puertas al estudio y a la reflexión de temas auténticamente significativos para nuestra sociedad.

Texto y selección de fotografías: Prof. Nélida Claudina Delfin.

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