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15 de marzo de 2026

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Las mujeres detrás de las grandes obras solidarias de Concordia.

Conferencia de la historiadora Rosa María Reissenweber

En el marco de la agenda de actividades impulsadas por el Día Internacional de la Mujer, la Municipalidad de Concordia, a través de la Subsecretaría de Educación y Cultura, presentó una charla dedicada a reflexionar sobre el rol de las mujeres en la historia de la ciudad rumbo a su Bicentenario.

 La reconocida profesora e historiadora Rosa María Reissenweber, declarada Ciudadana Ilustre de Concordia, propuso detenerse en un aspecto fundamental del desarrollo de la comunidad: las huellas que numerosas mujeres han dejado en la vida social, institucional y solidaria de la ciudad.

«La presencia de la mujer resulta abrumadora como protagonista fundamental desde una multiplicidad de roles, no solamente el familiar, el cotidiano; también como organizadora al interior de una sociedad que estaba en marcha y así vemos que al análisis que podemos hacer históricamente asoma claramente un dimensión transversal. Esa dimensión atraviesa los tres siglos.»

Su exposición, titulada “Huellas en el camino al Bicentenario”, recorrió casi dos siglos de historia concordiense, desde los años fundacionales del siglo XIX hasta las instituciones solidarias del presente. En ese recorrido, destacó un valor que atraviesa generaciones y que define, según expresó, buena parte de la identidad social de Concordia: la solidaridad.

Pensar el legado antes de los 200 años

Al comenzar su exposición, la historiadora invitó a reflexionar sobre el momento histórico que vive la ciudad.

“Lo mío es nada con lo que hoy quiero destacar. Hablamos de huellas, huellas en el camino al Bicentenario. Tenemos que tomar conciencia de que nuestra ciudad pronto, antes de que nos demos cuenta, va a estar cumpliendo 200 años de vida, y debemos estar preparados para valorar lo que nos han legado.”

La propuesta histórica despertó gran interés y reunió a un numeroso público.

Desde esa perspectiva, explicó que su objetivo fue rescatar y visibilizar el papel de muchas mujeres que, desde distintos ámbitos, contribuyeron a la organización y al desarrollo de la sociedad concordiense:“A veces tenemos lagunas en cuanto al recorrido histórico, porque por ahí nos olvidamos.”

Sin embargo, aclaró que este enfoque no busca establecer oposiciones entre hombres y mujeres, “No se trata aquí de generar diferencias dicotómicas entre mujeres y hombres. En todo lo que intento hacer visible hubo y hay una auténtica articulación entre ambos actores sociales.”

Tres siglos de historia para comprender el presente

Para comprender esas huellas, Reissenweber propuso adoptar una mirada de larga duración que abarca tres siglos de historia:

  • el siglo XIX, desde el nacimiento de Concordia en 1831
  • el siglo XX completo
  • y lo que va del siglo XXI

“Hay claramente un universo mental, una manera de concebir la realidad, que ha sufrido cambios significativos entre la sociedad actual y aquella de los inicios de Concordia. Sobre eso tenemos que reflexionar: con qué contaron ellos y con qué contamos hoy. En aquellos tiempos, recordó, la sociedad tenía otras formas de relación, con distintos mandatos, códigos, funciones e instituciones. Eran tiempos fundacionales, en los que gran parte de la organización social todavía estaba por construirse.

La solidaridad como huella histórica

Dentro de ese proceso histórico aparece una dimensión transversal que atraviesa las distintas épocas.“La dimensión que atraviesa los tres siglos es la solidaridad”, afirmó la historiadora. “La solidaridad es el apoyo entre personas por la misma dignidad humana que todos portamos. ”No se trata —aclaró— de una acción circunstancial.

La solidaridad es un valor humano basado en el respeto y la empatía, que implica comprender que el otro necesita de nuestra colaboración.
Rosa María Reissenweber.

“No es una acción mecánica ni ocasional, sino orgánica, asumida como un servicio, como un camino hacia la propia realización, pero también como un sentido de la vida con el otro. ”Frente al dolor y la enfermedad, recordó, todos los seres humanos comparten la misma condición. “Ahí todos somos lo mismo. Pero a veces no levantamos la cabeza del ombligo. Ellas lo han hecho. Por eso mi homenaje a estas mujeres.”

Los primeros años de la salud en Concordia

Al remontarse a los orígenes de la ciudad, Reissenweber describió un panorama sanitario muy precario.“Desde lo institucional no había prácticamente nada. Solo aparecían algunos médicos con título que hacían verdaderos milagros.” En ese contexto destacó la política sanitaria impulsada por Justo José de Urquiza, tanto como gobernador de Entre Ríos como presidente de la Nación, especialmente a través de las campañas de vacunación contra la viruela, uno de los flagelos más temidos del siglo XIX.

Justo José de Urquiza

Fue entonces cuando surgió la idea de crear un hospital en Concordia. Con autorización de Urquiza comenzó un proceso organizativo que culminó en 1860 con el primer hospital de la ciudad, conocido como Hospital de Caridad. Funcionaba en un terreno donado en la esquina de Roque Sáenz Peña (entonces llamada Jujuy) y Rivadavia, donde hoy existen instalaciones del Club Libertad.

El hospital era muy humilde: los vecinos levantaron dos ranchos con camas donde se atendía principalmente a los sectores más necesitados y a los soldados, en una época marcada por conflictos y dificultades económicas.

Con el tiempo, sin embargo, el establecimiento dejó de funcionar y la ciudad volvió a quedar prácticamente sin atención hospitalaria.

Crisis sanitaria y epidemias

La situación se agravó en las décadas siguientes.

Asistentes colmaron la sala para escuchar la conferencia de la historiadora Rosa María Reissenweber.

En 1873 comenzó a funcionar la Municipalidad de Concordia, que heredó aquel hospital prácticamente en ruinas. Al mismo tiempo, la región atravesaba conflictos políticos, pobreza y epidemias. La viruela provocaba estragos en la población. Incluso la ciudad de Federación, que entonces formaba parte del departamento Concordia, perdió casi la mitad de sus habitantes a causa de esta enfermedad. “La necesidad de un hospital era imperiosa”, explicó la historiadora.

La iniciativa de Leoncio de Luque

En ese contexto apareció una figura decisiva: Leoncio de Luque, director del diario El Uruguay. Desde su periódico impulsó una intensa campaña a favor de la creación de un hospital. Su propuesta fue convocar al compromiso de las mujeres de la sociedad concordiense. Pensaba que ellas podían organizar una institución capaz de sostener en el tiempo la atención hospitalaria. “No se equivocó”, señaló Reissenweber.

Leoncio de Luque impulsó la intensa campaña para la concreción del hospital.

Se organiza la comisión preparatoria.

La prédica de Leoncio de Luque llevó a que se formara esta comisión preparatoria integrada por un grupo de mujeres para comenzar a trabajar en la apertura del hospital.

Inmediatamente, las mujeres se organizaron para comenzar la tarea de fundar un hospital.

La Sociedad de Beneficencia de Concordia

La respuesta fue inmediata. El 23 de noviembre de 1879 un grupo de mujeres se reunió en la Municipalidad y fundó la Sociedad de Beneficencia de Concordia. “Desde el primer momento el trabajo de estas mujeres fue incansable.” Según los testimonios de la época: “Se había prendido en sus almas la tea viva de la caridad y su anhelo era ayudar al enfermo y prestarle atención en un hospital.”

Comisión provisoria.

«Pero todo iba como si fuera la velocidad de nuestras redes actuales. Fíjense, 23 de noviembre se formaron, se hizo la asamblea. Ya pronto se formó una comisión provisoria con las mismas señoras de la comisión inicial, ellas mismas se fueron considerando que esas eran las fundadoras, las primeras.  Pronto aprobaron un reglamento.

El texto que escribieron aquellas mujeres acerca de la inspiración de los fundadores.

Potencias del alma, corazón, eso es lo que ellas habían movilizado»-destacó Mauci.

El hospital y una administración ejemplar

El 7 de febrero de 1880 el hospital comenzó a funcionar en una casa ubicada en Carriego 76, entonces calle Gualeguaychú. Tenía más de veinte camas y abundante ropa hospitalaria.

Comisión que llevará adelante la administración y el buen funcionamiento del hospital.

Uno de los aspectos más notables fue la administración responsable y eficiente que llevaron adelante las damas de la Sociedad de Beneficencia. El hospital se sostenía mediante aportes de socios y socias, subsidios provinciales, contribuciones municipales, rifas, beneficios teatrales y numerosas donaciones de la comunidad. Los registros muestran que el ingreso mensual alcanzaba 130 pesos, mientras que los gastos —alquiler, cocineros, lavado de ropa y limpieza— sumaban 66 pesos.

La buena administración llamó la atención de las autoridades municipales, que realizaron una inspección y dejaron constancia de su asombro por el brillante funcionamiento del hospital administrado por estas mujeres. La presidenta de la institución fue Rosa Otero de García, quien condujo la Sociedad de Beneficencia hasta 1885.

Médicos pioneros de la salud pública

El Dr. Felipe Heras.

Las damas contaron con el asesoramiento permanente del médico Felipe Heras, acompañado por el farmacéutico Carlos Alberdi y posteriormente por el médico Santiago Coldaroli.Ellos fueron los iniciadores de las políticas de salud pública en Concordia.Gracias a la constante prédica de estas mujeres, la Municipalidad donó un terreno para construir el hospital definitivo. El 9 de julio de 1882 se colocó la piedra fundamental del nuevo edificio.

Delicia Masvernat: El legado de servicio y la lucha contra el cáncer

“Quiero poner de manifiesto el gigante institucional que nos legaron estas heroínas del siglo XIX, y que supieron sostener también durante el siglo XX.

Pero también quiero recordar que, en el interior de esos muros, cumplió su labor —casi como un verdadero apostolado— la enfermera cuyos méritos merecieron que el nuevo hospital de Concordia llevara su nombre: Delicia Concepción Masvernat, fallecida en 1940, víctima de una enfermedad que movilizaría las acciones y los estudios médicos durante el siglo XX: el cáncer.

Hospital Felipe Heras, un gigante institucional que nos legaron estos héroes y heroínas del siglo XIX.

En conexión directa con todos estos problemas de salud que se atendían en el hospital, los profesionales médicos comenzaron a manifestar una creciente preocupación por los casos de cáncer diagnosticados con mayor recurrencia en mujeres jóvenes, especialmente algunos tipos como el cáncer de cuello de útero y el cáncer de mama.

A esto se sumaban las grandes dificultades para acceder a los tratamientos, debido al alto costo de los medicamentos y a la imposibilidad que tenían muchas pacientes de trasladarse para buscar atención en centros especializados fuera de la ciudad.”

La lucha contra el cáncer y el nacimiento de LALCEC Concordia

En el siglo XX surgió otro gran desafío sanitario: el aumento de los casos de cáncer.

Desde 1921 funcionaba en el país la Liga Argentina de Lucha Contra el Cáncer, creada por la entrerriana Elena Larroque de Roffo junto al médico Ángel Roffo. En Concordia, la filial se organizó el 28 de julio de 1972, impulsada por vecinos y profesionales preocupados por esta problemática. Entre ellos se encontraban los médicos Miguel Ángel Prince y Lilia Herrera, junto al benefactor Tomás Florenza.

Una vez más, las mujeres asumieron el liderazgo de la institución y organizaron campañas de prevención y detección temprana.

Lalcec Concordia. Un grupo mujeres con un espíritu solidario que permanece a través del tiempo.

Lalcec: una red de mujeres al servicio de la vida

“LALCEC tiene un verdadero enjambre de colaboradoras y voluntarias. Entrar a LALCEC es como encontrarse con abejas trabajando incansablemente. La actividad es permanente, intensa, impresionante. Realmente admirable, porque uno las ve en acción, pero siempre con la alegría reflejada en el rostro de quien sabe que está dedicado a una tarea esencial: el servicio a quien sufre.

Las mujeres que presidieron la institución fueron también quienes llevaron el timón en cada etapa. Hubo épocas más difíciles que otras, pero nunca declinaron la fuerza, la energía ni el entusiasmo por continuar. Sabían que lo que estaban haciendo valía la pena, porque su objetivo era nada menos que implementar estrategias para salvar vidas.

Así lo hicieron desde el principio y así lo siguen haciendo. Si miramos retrospectivamente, aparecen nombres que forman parte de esa historia. En primer lugar, una persona maravillosa: Margarita Camino de Hourcade.

Antes que ella estuvieron también María Beatriz Weis, Elida Lafourcade de Cavallaro, María Teresa Drescher, María Elena Guerra de Guichón, Leoni Callarino de Pietrantueno (Porota), Lucerna Seguí de Krunfli, Victoria Moledo de Fleiman, Inés Macera de Dacunda y Berta Otaegui de Gabioud, quien presidió la institución en el período 1972-1975.

Hoy continúa esa tradición de compromiso otra verdadera guerrera: Rosita Borches.”

Una cadena de mujeres a través de las generaciones.

En la parte final de su conferencia, Reissenweber estableció un puente entre generaciones que refleja la continuidad de ese compromiso solidario.

Esther Moulia de Sarrailh, conocida cariñosamente como «Minguet», fue una destacada periodista y maestra rural argentina, considerada una figura icónica y «decana» del diario El Heraldo de Concordia, Entre Ríos.

Allí destacó la figura de Minguet, docente y autora de recordadas columnas en el diario El Heraldo. Su historia familiar refleja esa continuidad. Su madre, Mouliá Rovira, integró la primera cooperadora del Hospital Felipe Heras. Y su hija es Rosa Ana Sarrailh, actual presidenta de la Fundación Cuidados Paliativos Concordia. De este modo, tres generaciones de mujeres quedaron vinculadas a distintas etapas del compromiso con la salud y el acompañamiento social en la ciudad.

Cuidados paliativos: una nueva etapa del compromiso solidario

La vulnerabilidad del ser humano hace que se necesite una atención y contención especial, por eso el símbolo del árbol de la vida. Cuidados paliativos intenta que el tránsito de esa etapa tan espantosa que nos va a tocar a todos por una causa u otra, el final de nuestra existencia esté contenido. Por eso las dos manos que sostienen y las mariposas son el símbolo de lo que Elisabeth Kübler-Ross  percibió en los campos de concentración.

La mariposa fue el símbolo fundamental de la transformación, la metamorfosis y el paso del alma de la vida a la muerte.

La Fundación Cuidados Paliativos Concordia comenzó a organizarse entre 2017 y 2018, hasta obtener su personería jurídica. La institución reúne a profesionales y voluntarios que acompañan a pacientes en etapas avanzadas de enfermedad.

“Estas dos instituciones, a través de Margarita y Rosa Ana, lograron articularse entre sí. Formamos todos una verdadera red de solidaridad, y la energía que fluye en estas mujeres es maravillosa. Margarita y Rosa Ana consiguieron, mediante un comodato, que la Fundación Cuidados Paliativos tuviera una sede donde hoy trabajan como verdaderas leonas y leones”, expresó la historiadora.

Grupo de voluntarios de Cuidados Paliativos.

La sede funciona en Concejal Veiga 871, en una casa cedida en comodato por Liga Argentina de Lucha Contra el Cáncer (LALCEC).El trabajo mancomunado entre ambas instituciones se fortalece gracias al apoyo mutuo, ya que comparten un mismo objetivo: acompañar y ayudar a las personas que sufren en vida, en distintas situaciones. “Formamos todos una red de solidaridad”, resumió la historiadora.

Huellas que siguen marcando el camino

Al cerrar su exposición, Reissenweber destacó que todas estas instituciones comparten un mismo objetivo:acompañar y ayudar a las personas que sufren en vida, en distintas situaciones.

Las autoridades de la Subsecretaría de Educación y Cultura de la Municipalidad de Concordia agradecieron a la historiadora Rosa María Reissenweber y le entregaron un presente junto a un recordatorio.

Así, las huellas dejadas por aquellas mujeres que actuaron en los orígenes de Concordia continúan presentes en la actualidad y se proyectan hacia el futuro de la ciudad que se prepara para celebrar sus 200 años de historia.

Agradecimientos:

A la profesora e historiadora Rosa María Reissenweber por la valiosísima charla y a Franco Alcoba por facilitar el material de trabajo.

Texto y selección de fotografías: Prof. Sonia M. Galeano