En Villaguay, los Manecos de La Capilla
En el Departamento Villaguay, en el centro de la Provincia de Entre Ríos, se encuentra la localidad de Ingeniero Sajaroff, la que visitamos, y de la que publicamos un artículo en el mes de junio de 2025; se ubica a casi 120 km de la ciudad de Concordia, desde la que se llega transitando la Ruta Nacional 18 en primer lugar, y la Ruta Nacional 130 después; y a 22 km de la ciudad cabecera del mencionado departamento.

En nuestra primera publicación, hicimos referencias a la ciudad, a su historia y a sus instituciones, e indicamos, en esa instancia, que nos quedaba pendiente escribir sobre la comunidad de afrodescendientes, conocidos como los Manecos, que arribaron a la zona hacia mediados del siglo XIX.
Dos significados se asignan al término Maneco, vecinos del lugar afirman que significa negro; pero estudios recientes indican que es apodo de Manuel. Lo concreto es que en la zona fueron, definitivamente Los Manecos de La Capilla.

Construcción de la memoria histórica
La presencia de los Manecos en la región ha sido objeto de investigación y estudio de varias instituciones académicas y medios de comunicación. En nuestro caso, tomaremos como base la obra “Los manecos de La Capilla”, escrita por los autores entrerrianos Ricardo Moreyra, Susana Muchnikt y Abraham Arcushin. Se trata de un trabajo que recopila la historia de un grupo de personas esclavizadas, que arribaron a partir de la segunda mitad del siglo XIX a la provincia de Entre Ríos, y cuyas circunstancias se han podido conocer por medio de relatos y testimonios de sus descendientes.
“Sabemos muy bien que lo que estamos haciendo no es más que una gota en el océano. Pero si esa gota no estuviera allí, al océano le faltaría algo”.
(Madre Teresa de Calcuta)

Al concebir la memoria histórica como el resultado de una construcción, los autores entienden que toda memoria “es parcial, porque recoge una porción del pasado y la recrea, ordenada y narrada de acuerdo con los puntos de vista y las intenciones de quien o quienes recuerdan”. Definen ellos la elaboración de esta memoria como un acto colectivo, y su resultado, un saber compartido. De ahí la publicación de este trabajo investigativo que hoy los escritores difunden.
«Mi ideal más querido es el de una sociedad libre y democrática, donde todos podamos vivir en armonía y con iguales posibilidades».
(Nelson Mandela)

Camino al continente americano
Este trabajo nos conduce hacia el año 1780, cuando comunidades africanas eran intempestivamente sacadas de sus asentamientos y llevadas a las bodegas de los barcos que partirían rumbo al continente americano, donde ricos terratenientes los esperaban para, inmediatamente, esclavizados. En Brasil fueron destinados a cafetales y haciendas; y en algunos casos a las minas, donde el trabajo era tan duro que la mayoría no lo soportaba. Ya no eran ciudadanos libres, habían perdido sus derechos, su cultura, su identidad.
“No soy descendiente de esclavos. Yo desciendo de seres humanos que fueron esclavizados”.
(Makota Valdina)

Sueños de libertad
Cuenta este libro que uno de los damnificados, Manuel Gregorio Evangelista, escuchó en una oportunidad que hacia el sur los esclavos eran libres, y dadas las pésimas circunstancias en que su vida se desarrollaba, tomó la decisión de huir junto a su familia. Tras sortear miles de peripecias en la selva, Manuel y familia llegaron a un lugar donde descubrieron un caserío humilde, y niños que jugaban. Se trataba del poblado denominado “San Jorge”, en cercanías de lo que luego sería Colonia Clara. Inmediatamente fueron auxiliados por personas que habitaban la zona, quienes les brindaron la posibilidad de trabajar.
“Busco el día en el que la gente no sea juzgada por el color de su piel, sino por el contenido de su carácter”.
(Martin Luther King)

En busca de un destino
Con el transcurso del tiempo, la familia fue creciendo, construyeron su vivienda, consiguieron un carro para las tareas rurales y para su traslado; más tarde, algunos miembros del clan se mudaron a La Capilla, donde se radicaron en forma definitiva. Recordemos que era este el nombre con que se conocía a la actual localidad de Ingeniero Sajaroff, que según fuentes orales, se debía a la presencia, por esos años, de una pequeña iglesia católica, donde residían un sacerdote y el alcalde, se efectuaban las celebraciones religiosas y se inscribían nacimientos, casamientos y defunciones, además de realizarse el registro de haciendas; y a su alrededor se disponían las viviendas.

Además de aspectos inherentes a la realidad de los manecos en la provincia de Entre Ríos, la obra presenta una pintoresca descripción de personas que pertenecieron a la comunidad afro, sus creencias, sus hábitos y costumbres, que reflejan principios y actitudes humanos de incalculable valor, como lo son la lealtad, la generosidad, el acompañamiento a quien en una situación compleja se encontraba.
«Creo que la gente debería luchar por lo que cree y solo por lo que cree”.
(Abraham Lincoln)

Entre ellos, Doña Clara, la bondadosa partera que ayudó a nacer a dos generaciones del pueblo y del campo; Pilonga, el carnicero que regalaba el puchero a las familias más humildes; doña Isabel Pérez, devota del Santo Negro, a quien rezaba con mucha fe por considerarlo milagroso; y varios personajes aficionados al baile, al canto y a diferentes instrumentos musicales, como el tío Chilongo, bailarín de tango y afamado payador; el tío Sanso, bandoneonista que lucía todo su arte en “el patio de los manecos”, espacio donde se bailaba de lunes a lunes, allí donde un ubajay nacido de una ramita que Don Manuel Gregorio había traído se destacaba en el centro, como recuerdo de su travesía; el herrero Malik, fallecido trágicamente en el arroyo Villaguay cuando iba a cumplir con su trabajo.

Entablamos un diálogo muy grato con uno de los autores del libro al que hacíamos referencia, el Profesor Ricardo Moreyra, afrodescendiente, que integra la Agrupación Entre Afros, con sede en la ciudad de Paraná. Mientras trabajaba en carácter de Profesor de Historia en la Escuela Secundaria N° 13 “La Capilla”, de Ingeniero Sajaroff, junto a un grupo de alumnos, y al Profesor Nahuel Oviedo, llevaron adelante una investigación sobre el Cementerio de los Manecos, denominada “Tras los pasos perdidos”, que pudo ser presentada en distintos lugares del país, con un buen impacto social y educativo.

Posteriormente, el Docente tuvo un encuentro con el Dr. Abraham Arcushin, quien le manifestó que también él tenía una valiosa investigación a base de testimonios de los descendientes Julio y Soledad Ramírez. Acordaron -nos contaba el Profesor Moreyra- trabajar con la Sra. Susana Muchnik, para así poder concretar la edición del libro.
“Ninguna cultura puede vivir si intenta ser excluyente”.
(Mahatma Gandhi)

Según comentarios de los lectores, nuestro entrevistado nos expresaba que el valor del libro “radica en la visibilización de un colectivo que fue ocultado por la historia regional, y el testimonio de los verdaderos protagonistas, orgullosos de su propia historia, que merece ser contada y difundida”.
“Entre Ríos fue un mosaico cultural donde la diversidad cultural fue una riqueza y a la vez una promesa de libertad”.
(Ricardo Moreyra)
Significativo testimonio de la Profesora Flavia Portela
Afortunadamente, muchas personas de la región han demostrado interés en guardar la historia de esta comunidad afro y sus descendientes, a través de estudios investigativos, búsqueda de testimonios, entrevistas, etc. En nuestro recorrido, pudimos conectarnos con la Profesora Flavia Portela, quien tuvo la posibilidad de conocer, junto a un grupo de alumnos de la Escuela Secundaria, a “Doña Caroya”, apodo de Clara Peralta, hija de padre blanco y de madre afro -Sinforosa Evangelista, hija de Manuel-, que había nacido en La Capilla el 15 de octubre de 1916. Por muchos años fue la única enfermera y partera del pueblo. Palabras de la Profesora Portela:
-Tuvimos la suerte de conocerla y escuchar sus historias alrededor del año 2004, cuando con un grupo de estudiantes de octavo y noveno año, combinamos una entrevista y visita a su casa, la que se realizó en un clima muy ameno. Era una señora muy carismática y nos deleitó a todos con las historias de como su abuelo y demás familiares lograron escapar de la esclavitud del Brasil, hasta llegar a nuestra zona; situación que se enriqueció aún más con las distintas fotos que nos facilitó-.
“La fuerza de la humanidad reside en la unidad y la cooperación”.
(Mahatma Gandhi)

La charla -nos refería la mencionada docente- tuvo varios ejes, desde su vida personal y su oficio de enfermera, hasta sus raíces. Les explicó que su familia había huido de Brasil al no poder seguir soportando los embates de la esclavitud, y les enumeró todos los obstáculos que se les habían interpuesto en el camino: “Hambre, frío, cansancio, picaduras de insectos, cortes con la vegetación hicieron de su traslado una triste experiencia; tal es así que uno de los chiquitos de la familia no resistió y falleció y como no podían demorar ni dejar huellas de su paso, solo quedó envolver su cuerpo con lo que tenían y con mucho dolor dejarlo sobre las ramas de la frondosa vegetación”.

“Doña Caroya” también les habló de un desmembramiento familiar, ya que algunos integrantes habían decidido quedarse en la Banda Oriental -hoy la República Oriental del Uruguay-, y otros avanzar hacia tierras entrerrianas. Tras permanecer en forma temporal en algunas localidades vecinas, finalmente optaron por ubicarse en La Capilla. Con el paso del tiempo, inmigrantes de la comunidad judía fueron adquiriendo tierras y dando así vida a la colonización judía. Sin embargo, los manecos se incorporaron a la nueva vida colonial y establecieron verdaderos lazos de amistad con los recién llegados.

En los relatos de Roberto Alonso Romani
Roberto Alonso Romani, poeta, cantante, periodista y gestor cultural, nacido en la ciudad de Larroque (Departamento Gualeguaychú), en 1957, en su libro de relatos “La última estrella”, escribió un capítulo que tituló “Cementerio de los Manecos”, en el que narró una visita a Ingeniero Sajaroff, a la escuela, al rancho de Clara Peralta, la partera a quien él calificó como “aguerrida y solidaria” y, finalmente, al cementerio, sagrado espacio donde pudo “rezar por el alma de los abuelos dormidos”; y expresado con enorme sentir, contó haber percibido la figura de Sanso, el músico del pueblo que, con “su bandoneón herido”, rendía un último homenaje a la tierra que les había permitido sembrar.

Para finalizar…
Los Manecos constituyeron una comunidad que desarrolló su vida en esta región, que ha escrito una página en la biografía de Entre Ríos; sin embargo ha permanecido imperceptible casi. Felizmente, los afrodescendientes de la provincia, con orgullo y con entusiasmo, iniciaron el camino de conservación de sus orígenes y de sus costumbres, de su exquisito acervo cultural, y colectivamente vienen reconstruyendo esa historia, tan valiosa para ellos, como para la tierra entrerriana que les abrió sus puertas, cuando mayores complicaciones a sus antepasados los acechaban; esta tierra que, a partir de los movimientos migratorios, se ha constituido en un “crisol de razas”, y cada raza le ha otorgado lo que ha podido, y hoy merece un reconocimiento, un lugar, en la historia grande de nuestro país.
Agradecimientos:
A la Profesora Elisa Rey, por habernos orientado sobre esta temática tan relevante en la historia latinoamericana; al Profesor Ricardo Moreyra, por su atención y por habernos brindado material sobre el tema; a la Profesora Flavia Portela, por su gentileza y compromiso con el tema y con nuestro trabajo.
Texto y selección de fotografías: Prof. Nélida Claudina Delfin





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