En esta ocasión especial, conversamos con su creadora, Aniela Fava, quien comparte un relato profundamente humano sobre la perseverancia, los desafíos y la convicción de seguir apostando a aquello que nos hace felices. Una historia que demuestra que los sueños no solo nacen: también crecen, se reinventan y tienen el poder de hacer de la vida —y del mundo— un lugar más cálido y luminoso.

El día en que una idea cambió el rumbo de su vida
La idea de abrir la librería hace 20 años nació de mi mamá, porque yo estaba en un conflicto —siempre estuve en un conflicto— con mi profesión docente. Recién comenzaba y sentía que no me hacía feliz, que no le encontraba mucho sentido; estaba un poco perdida con eso. Y mi mamá me sugirió, ya que mis padres disponían de un dinero que era parte de una herencia de mis abuelos: “Bueno, ¿por qué no usamos esa platita para que pongas algún negocio? ¿Qué te gustaría? ¿Por qué no ponés un videoclub?”. Menos mal que no puse un videoclub.
Y me decía: “A vos, que te gustan los libros, ¿por qué no ponés una librería?”, lo que al principio me parecía una locura, porque no tenía ni idea de tener un comercio o de manejar uno; en mi familia no había esa experiencia. Después, muchos años más tarde, me enteré de que mis abuelos paternos sí tuvieron unos pequeños almacencitos o mercaditos cuando mi papá era chico, pero yo me enteré mucho después.

Encontrar el lugar
No tenía conocimientos y era algo que me parecía descabellado, pero empecé a mirar locales, a salir a recorrer y a soñar con eso. Sin querer queriendo, empecé a ver este local, a ver aquel otro, hasta que de repente encontré uno en calle Bernardo Irigoyen. Averigüé, era accesible y, bueno, ahí comenzó la cosa.
Los sueños tienen esa particularidad de echarse a andar a veces sin que uno se dé cuenta. Y en este caso fue así: como que no lo creía del todo, pero sé que una parte de mí sí, y empezó a suceder.
Aniela Fava
Entonces empecé. Por eso quería, desde un comienzo, que fuera una librería que vendiera libros nuevos y usados. Siempre me gustaron las librerías de ocasión, las librerías de viejos ejemplares, y me atraía mucho la idea de darle una segunda, una tercera o no sé qué número de vida a los libros.

La aventura de buscar los libros
Entonces, bueno, tenía que conseguir libros: algunos eran míos, otros me los daban mis padres, y después viajaba a Buenos Aires, al Parque Rivadavia, a las librerías de usados de allá, adonde mi papá también me acompañaba. Hice, no sé, unos tres viajes iniciales para abastecerme un poco y abrí la librería el 9 de mayo de 2006.
El inolvidable primer día
El primer día de atención al público fue en ese local de Bernardo de Irigoyen, que formaba parte de una casa vieja. Recuerdo que tenía alrededor de 100 años: una casa de dos plantas que había sobrevivido al paso del tiempo, muy bella, aunque muy venida a menos y bastante descuidada.
En ese local había dos o tres mesitas con pocos libros y una estantería también con apenas algunos ejemplares en cada estante. Me acuerdo de que fue una chica a comprar. También recuerdo el momento en que la primera persona se detuvo frente a la vidriera a mirar y la emoción que eso me generó.
Después, cuando esta chica entró —no sé si fue el primer día, la verdad es que eso no lo recuerdo— sí me acuerdo de atenderla y de esa sensación tan nueva e increíble de verme ahí, oficiando de comerciante y de librera, atendiendo, un poco como jugando, ¿no? Me sentía como una niña. Tenía 30 años entonces, no era tan niña, pero recuerdo que estaba muy emocionada.
Mi mamá, que estaba ahí, sacó una foto mientras yo atendía en el mostrador. No sé si finalmente esa foto quedó, pero recuerdo ese momento con mucha claridad.
Bueno, los cambios entre aquella librería de los comienzos y la actual son muchísimos.

Los cambios a través del tiempo
Han tenido varios cambios a lo largo de los años. Entiendo que positivos, como uno de los más evidentes: que creció mucho. Los libros, no sé si se reprodujeron, pero sí son muchísimos más, y esos poquitos que tenía en los estantes y en las mesas ahora son una cantidad muy grande.
La casa de la librería, la sede de la librería, es muy distinta. Originalmente era un local muy pequeño; ahora es un local bastante más grande, en una cuadra más iluminada, en calle Catamarca 70, un lugar que me parece mucho más bello y luminoso, y al que también le he incorporado una parte de cafetería.
La concreción del segundo sueño
En este local, en el que estoy hace dos años, empecé otra parte de este sueño de hace 20 años, que era hacer una librería café. Así que ese es otro cambio que he incorporado ahora.

Desafíos
Aprender, primero, a dar el paso. Estos pasos inconscientes, como medio en un sueño de comenzar, pero dar un paso hacia algo que uno quiere y que desconoce, me parece que siempre es un desafío. Ese fue el primero.
Y después, los desafíos de aprender muchas cuestiones que tienen que ver con un comercio, desde lo administrativo hasta atender al público y lidiar con otros seres humanos y sus complejidades. Eso también es un desafío.
El desafío de hoy es sostener un comercio en un panorama económico complejo, siempre, ¿no? Para los comerciantes es una época bastante difícil; se ven mucho últimamente comercios que no pueden seguir sosteniéndose y cierran, así que ese es otro desafío.

Y, tratándose en este caso de un comercio que ofrece un artículo que no se considera estrictamente indispensable, también está el desafío de seguir adelante creyendo que sí lo es: que la cultura, la lectura y el arte son elementos indispensables para una vida más amplia, más plena y más consciente.
La principal distinción: Cálida y amistosa
Lo que distingue a esta librería de otras es que es un espacio que quiero mucho, así que difícilmente pueda ser objetiva. Me parece que es una librería cálida y amistosa, porque a mí me gusta generar un lugar que invite a estar acá, a compartir.
Lo que la distingue de las demás de la ciudad, en principio, esto de seguir trabajando con los libros usados, de considerar que tienen un encanto especial. También pienso que la distingue el valor del detalle, de lo pequeño, de lo mínimo, pero significativo; de lo original, de lo distinto, de lo que no va con la moda ni con la corriente.
Qué sé yo, hay librerías comerciales, o más comerciales, que se dedican más a vender los títulos que están entre los cien más vendidos. Yo trato de tener un poco de todo, pero no es esa la búsqueda de esta librería.
Y también me parece que la distingue el proponer un rincón donde uno puede perderse entre los libros; ahora también puede sentarse a tomar un cafecito y leer. Fuera de la corriente, de la aceleración en la que vivimos, como una propuesta un poco distinta de lo que más se ve afuera, ¿no?, y que nos atrapa. Entiendo que va por ahí.
En la vida cultural de la comunidad
La librería ocupa un lugar importante en la vida cultural de la comunidad, entiendo yo, en tanto es una librería, o sea, como cualquier librería, ¿no?, que pueda subsistir y ofrecer a la comunidad un lugar donde encontrarse con los libros, donde adquirirlos, donde canjearlos, donde interactuar con otras personas. Y también esto que ha empezado a ser desde hace un tiempo: actividades culturales y artísticas que propongo a la comunidad, que son bien recibidas y que entiendo que son valoradas. La importancia de la librería también crece con eso, ¿no?, con que su aporte es mayor a partir de este tipo de actividades.

La elección de los libros
La elección de los libros la realizo con un criterio amplio. Al principio yo me fijaba más en lo que me gustaba a mí o en lo que a mí me parecía que era buena literatura. Después empecé a madurar un poco y a entender que no hay una verdad en los gustos, y que lo que a mí puede gustarme más o menos, a otro le genera otra cosa. Entonces soy más amplia.

Trato de ofrecer esto que decía anteriormente: algunos títulos de autores que están en los rankings de los más vendidos, pero también otros que me llaman por la calidad, por lo que yo considero que es bueno, por los argumentos, por el tipo de escritura.
Entonces, elijo los libros y las propuestas. Quería agregar que me gusta el factor azar en la librería, y que aumenta en el caso de los libros usados, los libros que llegan a la librería, mayormente a través del canje con clientes, o que he ido adquiriendo a lo largo de estos 20 años. Muchos los desconocía y muchos me maravillaron.
Me gusta eso: que lleguen títulos de autores que tal vez no están en listas o recomendaciones oficiales, en lo que se supone que se tiene que leer, en lo que se considera el canon, la buena literatura o lo que sea. Incluso, por ahí me fastidia bastante la cuestión de las modas.
Entonces, el elemento azaroso es lo que me llama, lo que llega a mí: cruzarme con algún título, algún autor, alguna reseña que me llama la atención así, sin estar yendo a buscar tanta recomendación en publicaciones o páginas. Me gusta eso. Por eso la librería es un poco caótica, un poco desordenada, poco prolija en ese sentido. Pero noto que tengo cierta resistencia a leer lo que se supone que se tiene que leer.
Porque también, en mi experiencia, la literatura como goce —o mejor dicho, como placer— tiene que ser libre. Entonces, rara vez me impongo la lectura de una obra, aunque se considere a la autora o al autor una eminencia, o a la obra un título fundamental de la literatura universal. Si siento que no toca algo en mí, que no me atrapa y no me lleva, la abandono, la dejo.
A veces es cierto que se trata de momentos del lector o de la lectora, ¿no? Tal vez esa misma obra que en un momento dejé ahí, en la entrada, en otro momento de mi vida volví a acercarme y me encontré con una maravilla. Qué sé yo. Pero quiero rescatar eso de la elección de los libros que van a la librería: hay mucho de azar y de una cosa más lúdica, más de juego, más desestructurada o menos apegada a discursos oficiales con respecto a lo que se tiene que leer.
Una propuesta amplia
Y después están las otras propuestas de la librería, que tienen que ver con lo cultural en el sentido más amplio. Me interesa mucho la música, el arte en general, entonces las propuestas que he ido incorporando en la librería, en el espacio de la librería, tienen que ver con eso y con lo que a mí me moviliza. Si yo hablo con algún artista al que invito o que me propone hacer algo, tiene que haber primero algo que a mí me movilice, me interese, me emocione, me genere ilusión. Después, supongo que también iré abriendo el escenario a propuestas diversas que por ahí yo entienda menos o sean menos afines a mí, pero que también, desde esto de respetar otros gustos del público, he pensado que la flexibilidad es importante para la subsistencia. Entonces, adaptarse, flexibilizarse y ser creativos al momento de desarrollar un trabajo y llevar un comercio son elementos importantes. Así que las propuestas seguirán ampliándose.

Un tiempo nuevo
De un tiempo a esta parte se nota mucho la crisis social, humana, no sé. Hay distintas capas de crisis, a mi entender. Hay una búsqueda personal, más espiritual, más relacionada con lo emocional, con el conocimiento humano, con la idea de la existencia y todas esas cuestiones que, a mí, me parecen bienvenidas. Entonces se ve mucho consumo, o que los clientes pidan libros relacionados con el desarrollo personal, la autoayuda y la espiritualidad. Esa es una tendencia importante.
Después veo también que las redes marcan modas. Entonces, de repente, me empiezan a pedir algunos clásicos olvidados que resurgen a partir de TikTok o de algún tiktoker que hace un reel recomendando tal o cual autor, o tal o cual obra, y genera un interés y una demanda significativos. Me viene a la mente Noches blancas, de Dostoyevski. De un tiempo a esta parte, yo no sabía si fue en Instagram o en TikTok —no tengo—, pero sé que viene de las redes. Muchas veces no sé si los clientes saben lo que se van a encontrar en esa obra, que es la que viene recomendada.

En la poesía también veo una influencia de las redes en los jóvenes, a partir de los veinte, más o menos. Hay como inquietudes poéticas y entonces, también por una tendencia de las redes, piden mucho, por ejemplo, a Pizarnik, que también es una moda. Entiendo que eso tiene que ver con inquietudes de estos chicos, con una etapa de sus vidas en la que el sufrimiento, el sentirse perdidos o el dolor de existir hacen que les llamen la atención determinadas poesías, me parece. Eso sería lo nuevo.
Sostener una librería independiente
Tener una librería, sostener una librería independiente, significa ir contra la corriente. Significa creer que desde lo pequeño se puede sumar al mundo. No quiero decir lucha, porque no me gusta mucho el concepto de luchar contra lo que es; sí el de tratar de recrearlo, transformarlo desde lo pequeño, ¿no?, desde un aporte que puede parecer mínimo, insignificante, pero que yo entiendo que es valioso. Y sostener este espacio significa también sostener un sueño.
La importancia del espacio cultural
La idea de sumar espectáculos y actividades culturales fue surgiendo con esta transformación paulatina de la librería en una librería-café. Entonces, al incorporar esta otra propuesta y tener ese otro rubro incorporado, también venían asociadas estas ideas que me hacen mucha ilusión: compartir una música, una charla. Me gusta mucho; he visto propuestas así en librerías de otros lugares, principalmente de Buenos Aires, y me parece que el entorno de la librería, de las librerías en general, es muy bello para desarrollar actividades afines, ¿no? Ahí, entre los libros, en horarios nocturnos, cuando finaliza la atención comercial al público y la venta de libros, continuar con algo fuera de hora.
Esto de las librerías de calle Corrientes, en Buenos Aires, que si bien no tiene que ver con los espectáculos, sí tiene que ver con que las librerías estén abiertas —no sé si lo siguen haciendo— de noche, tarde, y que entonces los transeúntes puedan, de repente, entrar a las 10 u 11 de la noche a una librería y ponerse a ver libros. Que los libros estén ahí, al alcance, en distintas circunstancias y en eventos gratos, artísticos, musicales, me parece muy bello.

Las propuestas de Babel
Las propuestas culturales han sido pocas hasta ahora. Ha habido charlas, música combinada con recitado y lectura de poesía y de textos narrativos breves; también una propuesta que fusionaba música, poesía y danza; narraciones orales, que es un arte que a mí me resulta fascinante, la narración oral bien hecha, ¿no? Me parece un arte casi perdido, ancestral, que se conecta con nuestra parte infantil o con alguna cosa que tenemos los seres humanos: que nos gusta que nos cuenten historias, que nos las cuenten bien, de manera que nos atrapen, que nos envuelvan y nos lleven. Esa habilidad, ese don y ese arte me parecen maravillosos.
Entonces, narraciones orales dirigidas a un público general, no a los niños, aunque eso también es muy bello.
La respuesta del público
La respuesta del público ha sido muy buena; me piden que haga más. Por ahí, lo que yo noto es que, no sé si por ciertos prejuicios o temores —o bueno, también está el elemento económico—, aunque las entradas han sido accesibles, e incluso he hecho algunas actividades gratuitas, el público que va es reducido. Habiendo tanta gente en la ciudad a la que le puede gustar, y que tal vez mira el anuncio o la publicación y dice: “Ah, qué lindo”, no se acercan.
Así que pienso que tal vez tiene que ver con algún miedo, prejuicio o con pensar que es un lugar exclusivo para determinado perfil de gente. Me parece que acercarse al arte, interactuar con otras personas, conocer… Si alguien nunca asistió a un recital de poesía, a una función de narración oral o a una pequeña obra teatral, acercarse a esa experiencia, conocer, me parece que el arte nos nutre y nos abre la cabeza de una manera maravillosa, y que todas las personas deberían conocerlo por lo rico que es, por lo mucho que nos enriquece. Y porque está muy asociado, para mí, con la libertad, con la dicha, ¿no? Así que ojalá eso cambiara y más gente se animara. Porque eso pasa en los espacios culturales de nuestra ciudad en general. Yo digo que, por ahí, asisto a propuestas de este tipo en otros lugares y somos siempre los mismos, habiendo tanta gente en la ciudad.
La vida sin la cultura, sin el arte, sin la vida social, me parece que queda muy chata; que nos reducimos a una vida más de autómatas, y eso me parece triste. Entonces, aportar a la ciudad, proponerles a los ciudadanos actividades culturales, es muy importante, porque todos nos enriquecemos y tenemos la oportunidad de compartir con otros seres humanos esos eventos, esos climas que se generan y que tienen tanto que ver con la propia mente humana.
Las emociones que se comparten en las expresiones artísticas y culturales, asistiendo a ellas, me parece que transforman algo en nosotros.
Esto que decían antes de lo pequeño: uno no se va siendo exactamente igual de una obra de teatro que lo conmovió profundamente, que lo atravesó, que le removió el alma, que lo hizo llorar y reír, que conmocionó su cuerpo; no se va igual. El efecto de ese sismo, de ese pequeño sismo en una persona, me parece que tal vez uno no es consciente, pero la geografía interna ya no va a ser igual después de eso. Algo pequeño se habrá caído, se habrá corrido y habrá desplazado otra cosa.
Aniela Fava.
El hábito de la lectura con poco lugar en el día a día
El hábito de la lectura lo veo muy atacado, en el sentido de que hay tantos elementos de distracción, hay tanta ansiedad en las personas, en todos nosotros. Estamos totalmente bombardeados por la posibilidad de distraernos continuamente con imágenes, y eso también tiene que ver, entiendo, directamente con la ansiedad. Eso estimula nuestra ansiedad: la inmediatez, la sensación de que todo tiene que ser rápido y pasar enseguida a otra cosa, va en contra de la lectura. Entonces, el hábito de la lectura tiene poco lugar en el día a día, en un día a día marcado por esto.
Suelo repetir que la lectura tiene que ver con estimular la creatividad, con el arte en sí mismo, ¿no? Conocer un arte como el de la literatura y adentrarse en él. La acción de leer, de ponerse a leer, de sentarse a leer, requiere una concentración, salirse un ratito de la corriente cotidiana, y eso es sumamente beneficioso, me parece, para la mente, para esta mente que está continuamente atacada por este bombardeo de imágenes y por esta aceleración, esta demanda continua de que compremos y hagamos, y que todo sea ya y de una determinada manera; estos mandatos en píldoras, en reels, en posteos.
Leer hoy es revolucionario
Leer me parece revolucionario, porque nos rescata de esa corriente. Hace que apliquemos la concentración, lo cual no es fácil con todo esto que estaba diciendo: concentrarse hoy en algo más de cinco minutos, diez minutos. Ya no hablemos de una hora seguida, ¿no? Eso me parece una proeza. Y, sin embargo, me parece que la mente debe agradecer tanto cuando uno se detiene.
La lectura y la conexión con el ser
La lectura tiene que ver con la introspección, y la introspección tiene que ver con la posibilidad de conectarse con uno mismo. Si uno está todo el tiempo respondiendo a las demandas, a lo que nos quiere mostrar el mundo, a lo que nos quiere mostrar afuera, que cambia continuamente, esta calesita, esta cosa vertiginosa, está menos conectado consigo mismo. Y me parece que eso es trágico, porque así puede pasarte la vida sin saber quién sos, qué querés realmente.
Igual puede pasar que seas muy introspectivo; puede ser que te pierdas adentro también, ¿no? Que tengas mucha mampostería, muchos escenarios falsos que hayas construido adentro y que te pierdas.
Si estás respondiendo todo el tiempo a demandas externas tan banales y tan poderosas, estás distraído todo el tiempo. Y me parece que es grave por eso, porque te aleja de vos.
Aniela Fava.
Pero sí, yo entiendo que tiene que ver con el miedo, con el vacío. ¿Qué hacemos con el vacío? ¿Qué hago con el vacío de la existencia? Bueno, lo relleno con lo que sea. Y si todo el tiempo tengo estas ofertas de llenarlo con imágenes, con videítos de no sé cuántos segundos, con las promesas de un producto y con los sueños de otros, que yo creo que son los míos, entonces la vida pasa más rápido, parece. Pero no estamos para que la vida pase más rápido, creo yo. Así que, por eso, me parece triste distraerse tanto del tiempo, evadirse.
El aniversario
El aniversario de la librería, sus veinte años, fue el 9 de mayo. Los festejos se van a realizar el fin de semana que viene, el viernes 15 y sábado 16 de mayo de 2026. Serán dos veladas donde habrá actividades especiales a partir de las 21 horas, números musicales y artísticos en general.

El viernes va a estar Saxo del Litoral; también una banda de rock que se llama Persecuta, haciendo unos temas tranquilos; y Angie Romero, acompañada en guitarra por Lucas Salvarrey. Angie tiene una voz, bueno, son todos grandes músicos, pero Angie, que tiene menos experiencia en el escenario, tiene una voz que a mí me maravilla. Los demás ya tienen un recorrido importante, ni que hablar de Santiago Olivera, Lucas Salvarrey y Martín Barcos, que están en Saxo del Litoral. Lucas también acompaña a Angie en guitarra en el número final. Es un gran músico de la ciudad.
Persecuta es una banda joven. Son realmente muy buenos en lo que hacen, originales. Me gusta mucho cómo suenan guitarra, bajo y voz. Pueden buscarlos en las redes. También va a haber un recital de poesía el viernes, a mi cargo. Además, habrá barra con bebidas y empanadas. La gente va con una alegría y unas ganas de compartir y de disfrutar que los climas que se crean en Babel en estos eventos me dan una gran felicidad, porque son maravillosos.

El sábado 16, en la última velada, van a estar Lucas Salvarrey nuevamente con otro músico tecladista: Lucas en guitarra y voz, y Facundo Pozzi en teclado y voz también. Después va a estar Jerónimo Ferla, un gran actor de la ciudad, con narraciones orales que realmente hacen maravillas. Jerónimo en el escenario es una cosa que a mí me deja boquiabierta. Es muy increíble. Y para cerrar van a estar Charco con Melisa Gre. Charco, otra gran banda de la ciudad, y Melisa Gre acompañándolos en algunas canciones. También habrá barra.
Se va a realizar el sorteo de la tómbola cultural que les propuse a la comunidad. El sorteo se va a hacer este sábado 16 y la tómbola cultural tiene tres premios.
El gran premio
El primero es un libro maravilloso. Es un libro como objeto de arte, un metalibro, porque es un libro dentro de otro libro, una historia dentro de otra historia, y tiene una presentación increíble. Es muy bello: viene en una caja y tiene algunos elementos adicionales.
Es una novela donde la ficción sobre la ficción construye la novela misma. El ejemplar trata sobre unos chicos que, en una biblioteca, empiezan a anotarse cosas en los márgenes. Cuando uno de ellos saca el libro de la biblioteca y luego lo devuelve, después lo retira una chica y lee las anotaciones. Ambos están interesados en el misterioso autor del libro y empiezan a comunicarse por ese medio y a investigar. Entonces hay algunas pistas intercaladas en las páginas y elementos como una postal o unos mapas. Es un argumento muy, muy bello. El barco de Teseo. Ese es el primer premio.

El segundo premio son dos obras de artistas locales. Tanto el viernes como el sábado, en estas dos veladas, va a haber también muestras de dibujos y fotografías: dibujos de Ariadna Tamay y Facundo Miguel López, y fotografías de Bárbara Beluso. Entonces, como segundo premio de la tómbola cultural, va a haber dos obras de estos jóvenes artistas. Y el tercer premio es una remera especialmente estampada para la ocasión de Babel, la librería.
El número de la tómbola cultural tiene un costo de 8.000 pesos. Pueden buscar la librería en las redes, tanto en Instagram como en Facebook, donde figura como Aniela Babel.
Un lugar mágico
Mi pequeña librería, que es tan importante para mí, es un espacio que realmente es como si fuera, no sé, parte de mi familia, un ser querido. Tiene una magia, una personalidad, te diría, entre comillas, muy especial.
Me ha acompañado todos estos años, me ha estimulado a seguir soñando, porque su creación se dio de esta manera, así tan irreal, tan en contra de la razón, tan sin pensarlo, como desde otra fuente. Y después, una vez ya concretada la librería, yo siento que me ha ido abrazando y estimulando a seguir creciendo en la importancia de tener un rincón o una parte de la vida de uno dedicada a los sueños, a la ilusión, al juego, a lo auténtico, a lo que tiene que ver, no sé, con mi parte niña también.

A la librería me gusta mucho sumarle cosas y, en estos años, he ido incorporando pequeños objetos, adornos y decoraciones que tienen que ver con eso: con la fantasía, con la magia. Me gusta pensar en mi librería como un lugar de magia.
A veces me pasa con los libros que va un cliente buscando un libro que había visto y, de repente, no está. A veces no recuerdo que se haya vendido.
Ya me ha pasado varias veces que digo: “No, los libros se esconden, se esconden y desaparecen durante un tiempo”. Y después, de repente, sin buscarlo, un tiempo más tarde, unos días o unos meses después, reaparece.
Me gusta creer en la magia. Y la librería me dice que sí, que sí existe.
Aniela Fava.
Agradecimientos:
A Aniela Fava de Librería Babel por la excelente predisposición y la entrega de fotografías que hicieron posible la publicación de este artículo.
Texto y selección de fotografías: Prof. Sonia Mabel Galeano.





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