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10 de agosto de 2026

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Dormir mal y su relación con la depresión en la adolescencia.

La adolescencia es una etapa de grandes transformaciones físicas, emocionales, sociales y cognitivas. Durante estos años también cambian los horarios de sueño y es frecuente que los adolescentes duerman menos de lo necesario. Al mismo tiempo, pueden aparecer síntomas relacionados con la depresión.

Una imagen que se puede ver en miles de hogares donde hay jóvenes y adolescentes que continúan hasta altas horas de la noche con la pantalla.

Un amplio estudio realizado en adolescentes noruegos

¿Existe una relación entre ambos fenómenos? Esta fue una de las preguntas que se propusieron responder los investigadores Børge Sivertsen, Allison G. Harvey, Astri J. Lundervold y Mari Hysing en un amplio estudio poblacional realizado en Noruega.

La investigación, publicada en European Child & Adolescent Psychiatry, analizó a 10.220 adolescentes de entre 16 y 18 años del condado de Hordaland, Noruega. El 54 % de los participantes eran mujeres. El estudio buscó determinar si existía una asociación entre diferentes características del sueño —especialmente el insomnio y la duración del descanso— y la presencia de síntomas depresivos.

¿Por qué estudiar el sueño durante la adolescencia?

Dormir no es simplemente «dejar de estar despierto». Durante el sueño se producen procesos fundamentales para el funcionamiento del cerebro y del organismo. El descanso adecuado participa en la regulación emocional, la atención, la memoria, el aprendizaje y la capacidad para afrontar las demandas cotidianas.

Durante la adolescencia, además, se produce un cambio natural en los ritmos de sueño. Muchos jóvenes tienden a acostarse más tarde y, al mismo tiempo, deben levantarse temprano para asistir a la escuela. A esto pueden sumarse el uso de dispositivos electrónicos, las exigencias académicas, las actividades sociales y otros factores.

Cuando estas situaciones provocan una reducción importante del tiempo de descanso o dificultades persistentes para dormir, pueden aparecer problemas de sueño. Los investigadores se preguntaron entonces si estas dificultades estaban relacionadas con una mayor presencia de depresión.

¿Cómo se realizó la investigación?

El estudio formó parte de una investigación poblacional desarrollada en el condado noruego de Hordaland durante 2012. Los adolescentes respondieron cuestionarios destinados a conocer sus hábitos y dificultades relacionadas con el sueño. Se analizaron diferentes parámetros, tanto durante los días de semana como durante los fines de semana.

Entre los aspectos estudiados se encontraban:

  • Duración del sueño: cuánto tiempo dormían realmente.
  • Tiempo en cama: cuánto tiempo permanecían en la cama destinado a dormir.
  • Latencia de inicio del sueño (SOL): cuánto tardaban en quedarse dormidos.
  • Tiempo de vigilia después del inicio del sueño (WASO): cuánto tiempo permanecían despiertos después de haberse dormido.
  • Insomnio: presencia de dificultades significativas y persistentes relacionadas con el sueño.
La llegada de las pantallas y su uso sin control en horarios nocturnos ha provocado un impacto negativo en el desarrollo educativo de los adolescentes.

Para evaluar los síntomas depresivos se utilizó el Cuestionario Breve de Estados de Ánimo y Sentimientos (SMFQ). Se consideró que un adolescente presentaba depresión cuando obtenía una puntuación situada por encima del percentil 90.

Los adolescentes con depresión dormían menos y tenían más dificultades para dormir

Uno de los resultados más importantes fue que los adolescentes con síntomas depresivos presentaban diferencias claras en sus patrones de sueño.

En comparación con quienes no presentaban depresión, estos jóvenes tenían:

• Menor duración del sueño.

• Menor tiempo en cama.

• Mayor dificultad para conciliar el sueño.

• Mayor tiempo despiertos durante la noche después de haberse dormido.

Esto muestra que la relación entre sueño y depresión no se limita simplemente a «dormir pocas horas». También interviene la calidad y continuidad del sueño.

Un adolescente puede pasar varias horas en la cama y, sin embargo, tener un descanso insuficiente si tarda mucho en dormirse o permanece despierto durante largos períodos durante la noche.

El dato más llamativo: el insomnio multiplicó el riesgo de depresión

Uno de los hallazgos centrales del estudio fue la fuerte asociación entre insomnio y depresión.

Los adolescentes que presentaban insomnio tenían aproximadamente entre cuatro y cinco veces más probabilidades de presentar depresión que aquellos que no tenían problemas importantes para dormir.

Este resultado fue observado tanto en varones como en mujeres.

Sin embargo, los investigadores encontraron algo todavía más significativo cuando combinaron dos variables: insomnio y pocas horas de sueño.

Menos de seis horas de sueño y presencia de insomnio: una combinación especialmente preocupante

Los adolescentes que cumplían criterios de insomnio y, además, dormían menos de seis horas, presentaban más de ocho veces mayores probabilidades de presentar depresión en comparación con los adolescentes que no tenían esta combinación de problemas. Este dato permite comprender que no todos los problemas de sueño tienen necesariamente la misma magnitud. Existe una diferencia entre dormir ocasionalmente menos de lo habitual y presentar una combinación persistente de:

dificultad para dormir + sueño insuficiente.

Cuando ambas condiciones aparecen juntas, la asociación con los síntomas depresivos se vuelve particularmente fuerte.

¿La relación era igual en chicos y chicas?

El estudio también analizó posibles diferencias relacionadas con el género.

Las asociaciones entre los problemas de sueño y la depresión estuvieron presentes tanto en chicos como en chicas. Sin embargo, los investigadores observaron que la relación era más fuerte en los varones.

Este resultado resulta interesante porque la depresión durante la adolescencia suele estudiarse teniendo muy en cuenta las diferencias entre ambos sexos. El estudio muestra que los problemas de sueño constituyen un factor que merece atención independientemente del género, aunque su relación con la depresión puede presentar distintas intensidades.

¿El insomnio provoca depresión?

Aquí es importante realizar una aclaración.

El estudio encontró una asociación muy fuerte entre los problemas de sueño y la depresión, pero esto no significa que pueda afirmarse que el insomnio sea, por sí solo, la causa de la depresión.

La relación puede ser más compleja.

Disfrutar un día de parque con los niños puede hacer una gran diferencia en el desarrollo neurológico de los hijos.

Por ejemplo, las dificultades para dormir podrían contribuir al deterioro del estado de ánimo. Pero también puede ocurrir que los síntomas depresivos dificulten el sueño. Incluso pueden existir factores adicionales —sociales, familiares, escolares, psicológicos o biológicos— que influyan simultáneamente sobre ambos fenómenos.

Por lo tanto, el estudio permite afirmar que sueño y depresión están estrechamente relacionados, pero no demuestra una relación causal directa en una única dirección.

Una posible relación de retroalimentación

Los resultados permiten pensar en un círculo que puede volverse problemático:

Dormir mal → mayor cansancio y dificultades emocionales → mayor vulnerabilidad a síntomas depresivos → más dificultades para dormir → peor descanso.

Este círculo puede afectar diferentes áreas de la vida adolescente: el rendimiento escolar, la atención, la memoria, la motivación, las relaciones sociales y la regulación de las emociones.

Por eso, prestar atención al sueño puede ser una parte importante de la prevención y detección temprana de dificultades emocionales.

La depresión adolescente, un problema difícil de enfrentar para muchos padres.

Una señal de alerta para las familias y la escuela

Uno de los aportes más importantes de esta investigación es que invita a no considerar los problemas de sueño como una cuestión menor.

Un adolescente que constantemente:

  • tarda mucho en dormirse;
  • se despierta repetidamente durante la noche;
  • duerme muy pocas horas;
  • tiene grandes dificultades para levantarse;
  • presenta cansancio durante el día;
  • muestra cambios importantes en su estado de ánimo;
  • pierde interés por actividades que antes disfrutaba; puede necesitar una evaluación más cuidadosa.

Esto no significa que todo adolescente que duerme poco tenga depresión. La adolescencia presenta cambios normales en los horarios y necesidades de sueño. Sin embargo, cuando las dificultades son persistentes, intensas y se acompañan de cambios emocionales o conductuales, conviene prestar atención.

El papel de la escuela

Los resultados también tienen implicancias para el ámbito educativo.

Docentes y equipos escolares pueden ser quienes primero observen determinados cambios: un estudiante que comienza a quedarse dormido en clase, presenta dificultades de concentración, se muestra permanentemente cansado, pierde motivación o experimenta modificaciones importantes en su comportamiento.

Estos signos no deberían interpretarse automáticamente como falta de interés, irresponsabilidad o «pereza».

En algunos casos, detrás de un descenso en el rendimiento puede existir un problema de sueño, dificultades emocionales o ambas situaciones simultáneamente.

La escuela no reemplaza una evaluación profesional, pero puede desempeñar un papel fundamental en la observación, detección y orientación temprana.

Dormir también es cuidar la salud mental

El estudio realizado por Sivertsen y sus colaboradores aporta evidencia sobre una cuestión fundamental: el sueño forma parte de la salud integral del adolescente.

Los resultados muestran una importante superposición entre los problemas de sueño, particularmente el insomnio, y los síntomas depresivos. La combinación de insomnio y menos de seis horas de sueño fue la situación asociada con mayor probabilidad de depresión dentro de los grupos estudiados.

Por esta razón, los investigadores plantearon la necesidad de aumentar la conciencia sobre los problemas de sueño y la depresión durante la adolescencia como un importante problema de salud pública.

Una mirada integral sobre el adolescente

La principal enseñanza de esta investigación es que no deberíamos analizar el rendimiento, el comportamiento o el estado emocional de un adolescente de manera aislada.

Sueño, emociones, aprendizaje, atención y salud mental están estrechamente relacionados.

Preguntar «¿cuánto duerme?» puede ser tan relevante como preguntar cómo se siente, cómo está aprendiendo o qué dificultades está atravesando.

La investigación noruega no demuestra que dormir poco provoque necesariamente depresión, pero sí muestra una asociación suficientemente fuerte como para considerar el sueño un indicador importante dentro de la salud adolescente.

Dormir poco también puede afectar la salud física

Las consecuencias de un descanso insuficiente no se limitan al rendimiento cognitivo o al estado de ánimo. Diversas investigaciones han asociado la falta de sueño durante la infancia y la adolescencia con déficits conductuales y cognitivos, que pueden manifestarse en dificultades de atención, regulación de la conducta y funcionamiento mental. Al mismo tiempo, distintos estudios han encontrado una relación entre dormir poco y una mayor frecuencia de sobrepeso y obesidad en niños y adolescentes. Esta asociación resulta especialmente relevante porque el exceso de peso durante estas etapas constituye, a su vez, un factor de riesgo para desarrollar posteriormente alteraciones metabólicas.

La obesidad infantil es un gran problema de la actualidad.

En este sentido, el estudio de la Organización Mundial de la Salud Comportamientos de salud en niños en edad escolar, publicado en 2014, señaló que alrededor del 22 % de los niños de 11 años presentaban sobrepeso u obesidad. Estos datos permiten comprender que el sueño debe ser considerado como parte de un enfoque integral de salud: dormir adecuadamente no solo favorece el cerebro que aprende, sino también el organismo que crece y se desarrolla. La relación entre sueño, conducta, cognición y salud física es compleja y no implica que la falta de sueño sea la única causa de estos problemas, pero sí constituye un factor que merece especial atención en la promoción de hábitos saludables durante la infancia y la adolescencia.

Los horarios de juego y de descanso son primordiales en los niños.

Cuidar el descanso, reconocer tempranamente los problemas de sueño y prestar atención a los cambios emocionales puede contribuir a una mirada más preventiva e integral de la adolescencia.

Referencia del estudio

Sivertsen, B., Harvey, A. G., Lundervold, A. J., & Hysing, M. (2014). Sleep problems and depression in adolescence: Results from a large population-based study of Norwegian adolescents aged 16–18 years. European Child & Adolescent Psychiatry. DOI: 10.1007/s00787-013-0502-y. PMID: 24292341.

Texto y selección de fotografías: Sonia M. Galeano