Una propuesta de la Subsecretaría de Educación de la Municipalidad de Concordia recuperó el valor de escribir a mano, imaginar al otro y descubrir que una carta puede convertirse en un puente entre infancias.

Niños de escuelas de la ciudad, del campo y de otros departamentos participaron de la experiencia

Dentro de los proyectos educativos llevados adelante por la Subsecretaría de Educación de la Municipalidad de Concordia se desarrolló “Una carta y un regalo para un amigo invisible: la magia de la letra cursiva”, una propuesta impulsada y llevada adelante por las profesoras Nélida Amam y Sonia Galeano.
La iniciativa nació con un propósito sencillo y, al mismo tiempo, profundamente educativo: estimular la escritura a mano, promover la amistad y transmitir emociones a través de las cartas. En el marco del Día del Amigo, durante el mes de julio, los niños fueron invitados a escribir una carta, realizar un dibujo y preparar un regalo para otro niño que, en muchos casos, no conocían.
Las cartas viajaron entre escuelas de la ciudad y del ámbito rural, entre Concordia, Federación y otras localidades. Así, una hoja escrita a mano pudo recorrer kilómetros para llegar a las manos de otro niño.
Pero antes de viajar hubo que escribirla, revisarla y volver a escribirla. En algunos casos, los chicos llegaron a elaborar hasta siete versiones de una misma carta hasta conseguir que estuviera lo mejor escrita posible. El objetivo no era alcanzar una escritura perfecta por una exigencia meramente escolar, sino algo mucho más concreto: que quien recibiera la carta pudiera leerla, comprenderla y disfrutarla.
Y entonces ocurrió algo inesperado: las cartas comenzaron a contar mucho más que palabras. Contaron quiénes eran esos niños, qué soñaban, qué les gustaba, cómo era su vida cotidiana y, sobre todo, mostraron una extraordinaria capacidad para imaginar al otro.

Varias escuelas, una misma experiencia: escribir para encontrarse
La propuesta atravesó diferentes realidades educativas. Cada escuela le imprimió su propia identidad, pero en todas apareció un elemento común: el entusiasmo de los niños frente a la posibilidad de escribir y recibir una carta de otro chico.
Escuela N.º 43 Bernardino Rivadavia: escribir hasta encontrar la mejor versión
En la Escuela N.º 43 Bernardino Rivadavia, los niños que participan del taller de escritura a contraturno, a cargo de la docente Karen Schvindt, asumieron el desafío con entusiasmo.

Sus producciones se destacaron por una excelente escritura cursiva, legible y prolija. Detrás de cada carta hubo práctica, corrección y dedicación. Los chicos entendieron que aquello que escribían no quedaría solamente en sus cuadernos: sería leído por otro niño.
La llegada de los sobres produjo otro momento especial. Los alumnos abrieron entusiasmados las cartas que recibían y comenzaron a descubrir las historias de otros chicos de su edad. Allí aparecieron los juegos, los equipos favoritos, la familia, las actividades cotidianas y las pequeñas cosas que forman parte de la vida de cada niño.

La escritura, entonces, dejó de ser solamente una tarea escolar y pasó a tener un destinatario concreto.
Escuela Normal: las cartas que encontraron un lugar en la biblioteca
En la Escuela Normal, las docentes Silvia Giménez, Karina Berta, Silvia Tugnarelli y Mariela Igarza acompañaron a cuatro cursos que participaron del proyecto.
El trabajo estuvo especialmente orientado a la corrección de las cartas que los alumnos enviarían a otras escuelas. Los niños debían revisar lo escrito y procurar que el mensaje pudiera ser comprendido por quien lo recibiera.

Pero la experiencia tuvo una continuidad muy significativa. Todos los alumnos recibieron sus cartas y decidieron colocarlas en la biblioteca, para utilizarlas durante las clases de biblioteca: leerlas, compartirlas y comentar con sus compañeros aquello que habían recibido de otros niños.

De esta manera, las cartas pasaron a formar parte de la vida escolar. Se convirtieron en textos para leer, conversar, comparar experiencias y descubrir otras infancias.
Cada una de las cuatro aulas participantes recibió además libros para su biblioteca, como parte del acompañamiento de la propuesta.
Cuando la carta se convierte en un amigo
Escuela Eva Duarte: historias que llegaron desde la ciudad y el campo
En la Escuela Eva Duarte, la docente María de la Merced Germiniani acompañó la participación de dos cursos.

La institución recibió 20 libros, destinados a la biblioteca de aula de cada curso. Pero antes de llegar a los libros, hubo otra experiencia que despertó enorme entusiasmo: abrir los sobres y descubrir qué había escrito otro niño.

Las cartas llegaron desde diferentes lugares: desde escuelas del campo, desde instituciones de Concordia y también desde Federación.

Los chicos recibieron y leyeron con entusiasmo cada mensaje. En cada hoja aparecía una vida diferente, aunque muchas veces cercana: juegos, familias, gustos, experiencias y sueños.

La carta permitió así algo que ningún mapa puede explicar completamente: acercar a niños que viven en lugares diferentes y descubrir que, aun en contextos distintos, tienen muchas cosas para contarse.
Escuela N.º 22 Madre Patria de Calabacilla: aprender que escribir para otro importa
En la Escuela N.º 22 Madre Patria de Calabacilla, las docentes Mara Andreína Carrara y Jessica Estefanía Benítez pudieron aprovechar el trabajo que ya realizan en su taller de escritura.
Los niños habían practicado previamente la producción de cartas y, para participar del proyecto, volvieron a escribirlas varias veces hasta conseguir una versión que consideraran adecuada.

Había una razón concreta para ese esfuerzo: la carta iba a ser enviada a otro niño.
Por eso, cada error, cada palabra y cada frase adquirieron un sentido diferente. No se corregía únicamente para obtener una mejor calificación, sino para que el destinatario pudiera comprender el mensaje.
La experiencia permitió trabajar sobre la escritura desde una situación comunicativa auténtica: escribir bien porque alguien nos está esperando del otro lado.

Las docentes recibieron también libros para cada una de sus aulas, destinados a las bibliotecas de aula, como reconocimiento por su participación en el proyecto.

La imaginación hace desaparecer las distancias
Uno de los aspectos más conmovedores que apareció en las cartas fue la imaginación.
Los niños no siempre aceptaron la distancia o el desconocimiento como una barrera. En varias producciones imaginaron que ya eran amigos de quien recibiría la carta. Otros llegaron incluso a inventar el nombre de su destinatario.
La infancia tiene esa capacidad de transformar rápidamente a un desconocido en un compañero de aventuras.

Una de las cartas recibidas constituye un ejemplo particularmente significativo. Un niño de 11 años, de quinto grado, le escribe a su “querido amigo Stitch” y comienza hablándole como si se tratara de alguien a quien conoce desde hace mucho tiempo. Le cuenta que hace tiempo que no lo ve, recuerda momentos vividos juntos y expresa su deseo de volver a encontrarse para jugar y compartir nuevas aventuras.
Ese amigo, en realidad, era su amigo invisible.
El niño había convertido a un destinatario desconocido en alguien cercano, alguien con quien ya había compartido una historia. La imaginación creó aquello que la realidad todavía no había podido ofrecer.
Una niña cuenta quién es y se presenta ante otro
Otra de las cartas, escrita por una alumna de sexto grado, muestra una experiencia diferente.
La niña comienza presentándose. Cuenta que es alta, que tiene ojos marrones claros y cabello largo y castaño. Habla también de su personalidad y se define como amable, respetuosa, responsable y compañera.
Cuenta que se esfuerza en la escuela, que disfruta aprender y compartir con sus amigos y que uno de los motivos de mayor orgullo es ser abanderada de la bandera de Entre Ríos. Explica lo que esa responsabilidad significa para ella y comparte finalmente uno de sus sueños: viajar a España.

La carta permite observar una escritura organizada y extensa, pero también algo más importante: la capacidad de construir una imagen de sí misma mediante las palabras.
Mientras una niña se presenta y cuenta quién es, otro niño inventa una amistad. Dos formas diferentes de escribir, dos maneras de relacionarse con el destinatario y una misma necesidad: encontrarse con el otro a través de la palabra escrita.
Escuela Carlos Villamil de El Redomón: siete niños, siete libros y muchas historias

En la Escuela N.º 62 Carlos Villamil de El Redomón la docente Lorena Nogueira participó con alumnos del segundo ciclo, siete niños.
La llegada de las cartas despertó enorme expectativa. Después de recibirlas, los chicos intentaron leerlas y luego compartieron con sus compañeros de banco las historias que aparecían en ellas: qué les contaba el otro niño, dónde vivía, qué juegos disfrutaba y qué cosas formaban parte de su vida.

Después llegó otra sorpresa: cada uno de los siete niños recibió un libro.
La alegría fue inmediata. Cada alumno tuvo su propio ejemplar para continuar leyendo, después de haber participado de una experiencia en la que la lectura y la escritura habían llegado desde otras escuelas hasta su propia aula.

El libro apareció así como una continuidad natural de la propuesta: después de escribir y recibir cartas, quedaba abierta la posibilidad de seguir leyendo.
Escuela Carlos Pellegrini de Federación: la cursiva desde los primeros años
La Escuela Carlos Pellegrini de Federación, con la docente Natalia Gisela Velázquez, aportó otra experiencia significativa.

A pesar de ser niños pequeños, los alumnos demostraron un muy buen desempeño en la escritura cursiva. Sus producciones evidenciaron una práctica cotidiana y sostenida de esta modalidad de escritura.
La docente estimula especialmente este tipo de escritura y los niños la utilizan habitualmente en sus cuadernos. La experiencia permitió comprobar que los más pequeños también pueden apropiarse de la cursiva cuando tienen oportunidades frecuentes de practicarla y cuando la escritura forma parte de su experiencia cotidiana.

El proyecto estaba pensado principalmente para segundo ciclo, pero la participación de estos niños permitió mostrar que la relación con la escritura cursiva puede comenzar y desarrollarse desde los primeros años, siempre que exista acompañamiento y práctica.
Cuando no se puede leer una carta, aparece el deseo de aprender
No todas las experiencias fueron iguales. En algunos casos, los niños que recibieron cartas todavía no podían comprender completamente la escritura cursiva de otros chicos.
Miraban la hoja, reconocían que allí había un mensaje destinado a ellos, pero necesitaban la ayuda de un adulto para conocer su contenido.

Lejos de ser solamente una dificultad, esa situación despertó algo valioso: el deseo de aprender.
La necesidad de comunicación hizo visible que para poder leer las cartas de otros también es necesario conocer sus códigos de escritura. La experiencia permitió comprender de manera concreta que leer y escribir no son aprendizajes aislados: forman parte de una misma posibilidad de comunicarnos con los demás.
Una infancia llena de aventuras cabe en una hoja
Las cartas fueron largas en muchos casos. Los niños encontraron en ellas un espacio para contar su vida diaria, hablar de sus juegos, de sus familias, de sus gustos y de sus aventuras.
Los chicos de las escuelas rurales recibieron especialmente entusiasmados los mensajes que llegaban desde pueblos, ciudades y otras instituciones. Se dispusieron a leer, preguntar, comentar y descubrir quién era ese niño que, desde lejos, había decidido escribirles.

En cada carta apareció una pequeña historia de infancia.
Y quizás uno de los mayores logros del proyecto haya sido precisamente ese: darle tiempo y espacio a los niños para contar su propia vida.
Escribir a mano también es encontrarse

“Una carta y un regalo para un amigo invisible” recuperó una práctica que puede parecer perteneciente a otra época, pero que conserva una enorme potencia educativa.
Escribir una carta supone detenerse, pensar, elegir palabras, ordenar ideas, escribir, revisar y volver a escribir. Supone también imaginar a quien recibirá ese mensaje.
La letra cursiva fue, en esta experiencia, mucho más que una forma gráfica. Fue una herramienta para comunicar, imaginar, expresar emociones y establecer vínculos.
Una carta puede viajar mucho más lejos que un sobre
Al finalizar el intercambio quedaron cartas, dibujos, libros y, sobre todo, experiencias.
Quedaron niños que descubrieron nuevas formas de escribir y otros que sintieron el deseo de aprender a leerlas. Quedaron cartas guardadas en bibliotecas de aula, historias compartidas entre compañeros y libros que comenzaron a circular por las escuelas.

Pero también quedó algo menos visible: la certeza de que una palabra escrita a mano puede atravesar distancias y construir cercanía.
Un niño del campo pudo conocer la historia de otro de la ciudad. Un alumno de Concordia recibió palabras desde Federación. Un destinatario desconocido pudo convertirse, gracias a la imaginación, en un amigo. Y una hoja de papel se transformó en un lugar de encuentro.
Porque quizá esa sea la verdadera magia de la letra cursiva: no está solamente en el trazo que une una letra con otra, sino en aquello que puede unir cuando una mano escribe y otra mano, en algún lugar, recibe.
Agradecimientos: A todas los directivos y docentes de las distintas instituciones que abrieron sus puertas y permitieron que esta hermosa experiencia haya sido publicada. A la Prof. Nélida Amam por facilitar toda esta tarea en pos de una educación mejor para nuestros niños.
Texto y selección de fotografías:Prof. Sonia Galeano.




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