Desde sus inicios, Cantoras de Agua Dulce se constituyó como un espacio de encuentro, aprendizaje y expresión artística colectiva. La propuesta combina el trabajo vocal con la construcción de vínculos humanos, el compromiso con la música popular y una búsqueda permanente de interpretación y sensibilidad. En esta entrevista, su directora, Malvina Gutiérrez, comparte con revistaalmas.com el origen del grupo, el significado de su nombre, el proceso de construcción del repertorio y los desafíos de sostener un proyecto coral femenino.
Origen, identidad y construcción del repertorio.
Sobre el origen de la agrupación Cantoras de Agua Dulce, nos dice Malvina, surgió a partir de la idea y el deseo de algunas mujeres de cantar: algunas no lo hacían desde hacía un tiempo, mientras que otras tenían ganas de desarrollar nuevas propuestas. Inicialmente, empezamos a convocar a personas conocidas. También se invitó a varones, pero eran muy pocos los que podían o querían participar. Por esa razón, definimos que el grupo sería femenino en un principio. Además, yo personalmente vengo trabajando con agrupaciones femeninas desde hace bastante tiempo y tenía ganas de generar otra propuesta de este tipo. Así que la decisión respondió a ambas cuestiones.

Con respecto al nombre, tiene relación con el agua dulce: el agua que nos sirve para vivir, que nos nutre y nos da vida. Nosotras estamos rodeadas de agua, vivimos junto a un río, sabemos que nuestro cuerpo está conformado en gran parte por agua y, además, la relacionamos con la sensibilidad y la emoción. Por todo eso, nos identificaba bastante. Por otro lado, somos cantoras; nos dedicamos al canto. Más allá de que muchas, o la mayoría, tienen otros trabajos y profesiones, todas le dedicamos mucho tiempo y compromiso a esta actividad.

En cuanto a la música y al repertorio, desde un principio nos interesó hacer música popular. Existía el deseo de interpretar canciones que invitaran al baile y al movimiento. Generalmente, como directora y coordinadora, soy quien propone las canciones. En algunos casos, realizo los arreglos de las obras que elegimos. En otros, hago la transcripción de arreglos ya existentes; es decir, elaboro una partitura a partir de una versión de un grupo vocal o de una música que escucho y me gusta.
En esos casos, el arreglo se mantiene fiel al grupo del que fue tomado. Así ocurrió, por ejemplo, con Ordinarius, un grupo vocal brasileño. También fue el caso de Coralinas, un coro de mujeres uruguayo. Ese fue el trabajo que realicé en esas oportunidades.
«Tenemos proyectos juntas, y eso nos une»
Por otro lado, en diálogo con las integrantes de Cantoras de Agua Dulce, coinciden en que uno de los mayores desafíos del grupo no es únicamente musical, sino también humano. A lo largo de los años, cada una llegó con experiencias, recorridos y formaciones diferentes, algunas con mayor trayectoria en el trabajo corporal y artístico, otras acercándose por primera vez a este tipo de propuestas. Sin embargo, el coro fue construyendo una identidad propia a partir de ese encuentro de diversidades.
Destacan que el espacio se ha convertido en un lugar de pertenencia, respeto y confianza, donde todas se sienten parte y pueden expresarse libremente. Esa construcción colectiva se sostiene en el trabajo constante, en los ensayos compartidos y en los proyectos que las unen más allá de la música.

También señalan que, a medida que se acercan las presentaciones, el grupo intensifica los ensayos y profundiza el trabajo artístico para llegar de la mejor manera posible a cada actuación. Más que la búsqueda de la perfección, prevalece el deseo de brindar lo mejor de sí mismas y disfrutar del proceso compartido.
Las cantoras valoran especialmente el talento y el compromiso de sus compañeras, así como el acompañamiento del público, que las sigue y las impulsa a continuar creciendo. Para ellas, Cantoras de Agua Dulce es mucho más que un coro: es un espacio de encuentro, aprendizaje y construcción colectiva que se fortalece con cada experiencia compartida. Consideran que gran parte del éxito y la permanecia se debe al gran trabajo de su directora.
El proceso de aprendizaje e interpretación de las canciones
Las canciones, explica Malvina Gutiérrez, las aprendemos de diferentes maneras. A veces trabajamos a partir de la partitura; otras veces, a través de un juego, de un movimiento corporal, de una danza o de un baile. En ocasiones, primero aprendemos solamente la melodía y luego vamos incorporando la armonización.

Muchas veces trabajamos sobre alguna grabación de percusión y, a partir de allí, vamos construyendo distintas interpretaciones. También sucede que las canciones se transforman con el tiempo. Por ejemplo, actualmente hay algunas a las que les hemos cambiado el tempo: algunas las hacemos más rápidas y otras más lentas.
La interpretación de cada canción va modificándose a medida que el grupo cambia y también según las necesidades que van surgiendo en cada momento.
Los desafíos del canto grupal y el rol de la dirección
El desafío de cantar en grupo, creo que el primer desafío no es musical, sino vincular-afirma Malvina Gutiérrez-. Considero que es sumamente importante que nos conozcamos entre las personas que integramos el grupo, que podamos encontrar cosas en común y que vayamos construyendo vínculos. Por supuesto, nosotras somos muchas. Actualmente somos 22 personas, creo que quedamos 22. Y, naturalmente, con algunas tenemos un vínculo más cercano que con otras; también nos vamos conociendo más a medida que pasa el tiempo. Las Cantoras tienen tres años de vida como proyecto compartido y, para mí, ese es uno de los mayores desafíos: conocernos, compartir y saber de la otra. A partir de allí se genera un trabajo específico sobre lo musical y sobre la técnica vocal. En particular, al cantar a varias voces, son sumamente importantes la afinación, la coordinación rítmica y el abordaje técnico de la voz, es decir, su manejo y la disponibilidad corporal. Son aspectos que trabajamos y que vamos desarrollando constantemente, y que influyen enormemente en el resultado musical.

La interpretación también es fundamental para mí. Tiene que ver con el lugar desde el que cantamos, con cómo sentimos el texto, con si se trata de una música para bailar o de una música donde lo lírico está más presente. También influye si es una música pensada principalmente para ser escuchada o si lo más importante es el mensaje de la letra. A partir de todos esos elementos, tratamos de generar una buena coordinación e interpretación colectiva. Mi rol, más que el de directora y coordinadora, está relacionado con el trabajo sobre el repertorio y con la preparación de materiales de estudio. Elaboro audios completos con todas las voces y también audios individuales para que cada integrante pueda estudiar la melodía que le corresponde cantar. Trabajamos principalmente en cuatro voces, aunque algunas obras tienen pasajes a cinco voces. También interpretamos canciones más sencillas a tres voces e incluso a dos voces. El repertorio es bastante variado. En algunos casos, el énfasis está puesto en lo rítmico y en la funcionalidad de la canción; en otros, en la armonía y en las dificultades musicales que plantea cada obra.

Un recital lleno de sentido y emoción
Una presentación que, por lo menos a mí, me generó mucha emoción fue la del año pasado, cuando cerramos el año y fuimos a la Casa de los Abuelos-recuerda orgullosa y feliz-. Me pareció hermoso lo que se generó al compartir con los abuelos de Gruta.
En lo personal, además de formar parte del coro, también tengo una tarea como cantante y artista musical. Entonces, muchas veces estoy cantando y mirando al público. En este caso, en cambio, estoy siempre de espaldas al público y mirando a las cantoras.

Por eso me encanta observar cómo van cambiando sus caras, cómo cambia su postura corporal, cómo en algunos recitales bailan más y en otros están más rígidas o con menos soltura. Y en ese recital, en la Casa de los Abuelos, estaban felices: bailaban, transmitían con sus expresiones, tenían un brillo especial en los ojos.
Fue un recital que nos salió impecable. Musicalmente, fue uno de los mejores. Y, además, teníamos la alegría de poder estar allí y compartir ese momento. Siento que ese tipo de actividades le dan mucho sentido a nuestro canto. Nos hacen pensar para qué cantamos, porque no se trata solamente de una cuestión individual o grupal, de sentirnos bien cantando o de reconocer que es una herramienta y un modo de expresión importantísimo que, sin duda, transforma nuestra vida. También se trata de poder compartirlo y de estar en lugares donde no es tan común que vayan a escucharnos. Por todo eso, recuerdo ese recital como un momento hermoso.
El valor humano y transformador del proyecto
Creo que este proyecto tiene un impacto personal que me influye muchísimo. Me da mucha alegría acompañarlo y verlo crecer. Cada vez que voy a ensayar y me encuentro con ellas, es un momento de mucha felicidad. Me llena de amor y de entusiasmo.
Es mi trabajo y lo hago con toda la responsabilidad que implica estar a cargo de un grupo tan numeroso, con las diferentes situaciones que van apareciendo. Todas somos distintas y todas atravesamos momentos diferentes en nuestras vidas cuando nos encontramos allí.

Creo que esta propuesta es muy importante porque reúne a mujeres de distintas edades. En primer lugar, somos mujeres compartiendo un espacio común. Existe un gran prejuicio que sostiene que cuando las mujeres están juntas siempre terminan peleándose o generando conflictos. Nosotras tratamos de cuidar mucho ese aspecto y también de transmitir que no es así. Siempre que haya respeto, cariño y atención hacia la otra persona, eso no tiene nada que ver con el género.
Nosotras podemos dar testimonio de ello porque, sinceramente, nos llevamos muy bien. Por supuesto, hemos tenido diferencias, pero las hemos conversado y enfrentado con mucho amor. El resultado siempre ha sido positivo. Eso es algo que me encanta.
También valoro mucho la diversidad de edades que hay dentro del grupo. Tenemos integrantes desde los 30 años en adelante. Ese encuentro entre generaciones es muy hermoso. Incluso hay madres e hijas compartiendo el coro: contamos con dos madres y dos hijas dentro de la agrupación.

Ese intercambio entre personas de distintas generaciones nos enriquece muchísimo. La verdad es que es una experiencia muy valiosa y significativa para todas.
El acompañamiento del público y la propuesta artística
Con Concordia tenemos un muy buen vínculo con el público. Por suerte, siempre nos acompañan. Nosotras tratamos de que cada recital sea muy cuidado. Los conciertos que organizamos también los pensamos con una puesta en escena y una decoración especial. Además, siempre consideramos el vestuario en relación con cada presentación.
Hemos realizado recitales en Pueblo Viejo con amplificación, algo que para un coro es muy difícil de sostener y llevar adelante. Sin embargo, la verdad es que siempre contamos con el acompañamiento del público, y eso nos pone muy contentas.
También hemos tenido una muy buena recepción de nuestra música en otros escenarios donde nos presentamos.
La incorporación de nuevas integrantes y el valor del grupo humano

Con respecto a sumar integrantes, trabajamos con un grupo estable. Cuando necesitamos incorporar personas, hacemos un “Cantoras Abre”, instancia en la que difundimos qué cuerda o sector del coro necesita sumar alguna integrante.
En este momento estamos completas, así que no estamos incorporando nuevas personas. Cuando lo hacemos, buscamos, en primer lugar, que exista la necesidad de cubrir esa cuerda. Además, valoramos que tengan cierta experiencia coral, porque algunos de los arreglos que trabajamos no son sencillos. También necesitamos que cuenten con disponibilidad de tiempo.
Ensayamos una vez por semana, pero a eso se suma el trabajo personal con los audios de estudio. Además, en ocasiones realizamos ensayos parciales para profundizar o avanzar en el aprendizaje de las obras. Básicamente, eso es lo que buscamos.
Es un espacio muy divertido y muchas veces se genera un ambiente muy lindo y distendido, donde surgen situaciones graciosas y momentos de mucha alegría. A veces también propongo ejercicios o formas de resolver alguna música desde un lugar más lúdico, y suceden cosas muy divertidas. Es un grupo hermoso y, sinceramente, un tesoro para nosotras. Lo cuidamos mucho porque nos brinda muchísimo. Cantoras de Agua Dulce es algo muy valioso en nuestras vidas-cierra su directora, Malvina Gutiérrez.
Agradecimientos: A Malvina Gutiérrez y al grupo Cantoras de Agua Dulce por su excelente predisposición para la realización de este artículo y por las fotografías que lo acompañan.
Texto y selección de imágenes: Prof. Sonia M. Galeano




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