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19 de mayo de 2026

revistaalmas.com

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El inicio de la Semana de Mayo

Día 18, día de honrar a nuestro emblema nacional, la Escarapela

Los símbolos patrios nos identifican y nos unen como comunidad; están en ellos nuestras raíces, nuestra historia y el orgullo de pertenecer a una nación. Son el reflejo de lo que somos, de los valores que nos han enseñado desde pequeños a cultivar.

“Los símbolos patrios, su presencia en ceremonias oficiales, eventos deportivos y en la educación cívica refuerza el respeto por la cultura nacional y promueve la conciencia ciudadana. En conjunto, estos símbolos fortalecen el vínculo entre el individuo y su país”.
(Fuente: https://cultura.amia.org.ar/).

Son ellos la bandera, el escudo y el himno, según el Decreto 10302 de año 1944. Respecto de la escarapela, no es un símbolo propiamente, más allá de que representa nuestra identidad nacional; por ello adopta diferentes formas, como cinta, lazo, moño, etc.; y se la califica como emblema nacional.

Formas diversas para un único objetivo: demostrar con orgullo que a nuestro suelo argentino nos debemos.

La escarapela argentina se porta sobre la izquierda del pecho de la persona, o en la solapa. Se usa en la fecha en que se recuerda su creación, durante la Semana de Mayo -desde el 18 hasta el 25, en que se cumple un nuevo aniversario de la conformación del primer gobierno patrio-, el Día de la Bandera, y el Día de la Independencia.

La forma que la escarapela adopta no es casual sino causal; se vincula en este caso con las alas de la libertad, ese sagrado bien que en nuestra patria muchos han sabido conquistar.

Fue instituido el 18 de mayo como Día de la Escarapela, por el Consejo Nacional de Educación, en el año 1935. Ahora bien, fue en 1812 cuando el General Manuel Belgrano solicitó autorización para que sus soldados pudieran usar una escarapela, con el fin de uniformar al Ejército Revolucionario, y distinguirlo de sus enemigos. Y en ese mismo año, por Decreto del 18 de febrero, el Primer Triunvirato -integrado por Manuel de Sarratea, Juan José Paso y Feliciano Chiclana-, creó una “escarapela nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, de dos colores, blanco y azul celeste, quedando abolida la roja con que antiguamente se distinguían”. Aunque la escarapela fue creada para uso militar, prácticamente enseguida empezó toda la población civil a utilizarla.

“Manuel Belgrano, militar, político, intelectual, economista, un gran promotor de la educación y un auténtico libre pensador obsesionado en alcanzar para la nación la soberanía tan preciada”.
(Fuente: https://www.cultura.gob.ar/).

Se trata de una fecha propicia para reflexionar sobre el sentido de lo nacional, la relevancia de una historia en común, que nos ha llevado a pertenecer a todos a una nación, con el consabido respeto a las diferencias de quienes lucen otras insignias con las que se identifican.

La escarapela, emblema que nos conduce a aquellos hombres y mujeres valientes que lucharon por nuestra independencia y quisieron forjar a nuestro país como una nación fuerte y unida.

En el caso de la Literatura, si bien ha dedicado varias páginas a ese sentimiento tan puro por la tierra natal, que es el patriotismo, y a los símbolos patrios, a la bandera en particular, no han sido muchos los autores que han desplegado sus versos en reconocimiento a la escarapela nacional; lo han hecho algunos, principalmente, para el mundo infantil, cuando en la escuela primaria había que presentar los símbolos patrios y el respeto hacia ellos.

Destacamos la poesía “Mi traje de gala”, de la autora Amanda Rega Molina.

Mi traje de gala

Hoy me he vestido de gala
sobre el blanco delantal,
una hermosa escarapela,
mi madre ha prendido ya.

Hoy hay fiesta en la montaña,
en el valle, en la ciudad;
mi escuela está engalanada
en el patio principal;
hay un cielo de banderas,
que encela al cielo real;
y lo mismo que en aquel
un coro de ángeles hay,
que entonarán la sagrada
y bella canción nacional.

Hoy me he vestido de gala
sobre el blanco delantal,
brillará como una estrella,
¡La divisa nacional!

Desde la niñez, quizás sin entender demasiado de qué se trataba, pero ya todos lucíamos con orgullo y alegría “una hermosa escarapela”, junto a nuestro “traje de gala”, como tan bien lo expresó la autora del poema.

“Un pedacito de cielo prendido en nuestro pecho”.

Elegimos, además, un texto reflexivo del autor Julio Picarez, que se titula “La escarapela nacional”, en el que describe, a través de valiosos recursos poéticos, todas las sensaciones que este emblema nacional despierta.

La escarapela nacional

¡Salve, luminosa escarapela de la patria…! Azul celeste como la inmortalidad de tu destino y blanca como la pureza de tu gloria inmaculada. Síntesis del cielo en día de bonanza, eres imán de unión y fraternidad para todos los argentinos y extranjeros que te aclaman condecoración de los hombres libres. Símbolo de soberanía, emblema de esperanza y signo de igualdad, eres la brújula que nos guía en la jornada, para el triunfo de la paz y la concordia. De ahí que te llevemos en el corazón -¡oh, relicario de la sangre heroica!- al compás de sus latidos de amor y lealtad. Flor de milagro, entretejen tu armoniosa unidad las fibras de tu cinta azul celeste y blanca. Como estrella de honor, te lucimos en el pecho y heraldos de auténtica argentinidad, sabremos honrar tus prestigios de insignia sagrada con la ofrenda de una vida ejemplar, de orden de trabajo y de justicia. ¡Salve, luminosa escarapela de la Patria!

Elegido también con mucha conciencia, un nuevo diseño, un corazón, allí donde lo más sagrado se atesora, sumergido en los colores de la escarapela.

En síntesis, el sentido de pertenencia en cada uno de nosotros es fundamental, y los símbolos constituyen el reflejo de esa pertenencia, ya que nos posicionan en un espacio determinado, el que compartimos con otros miembros, con quienes nos unen rasgos propios que nos caracterizan frente al resto de las personas.

Portarlos, reconocerlos, honrarlos, es llevar con nosotros ese entrañable sentimiento, por ese entrañable espacio al que llamamos Patria, Nuestra Patria.

“Escarapela, símbolo de nuestra identidad, en ti se entrelazan historia y fraternidad. Tu presencia nos recuerda nuestra responsabilidad, de construir un país de paz y prosperidad”.

Texto y selección de fotografías: Prof. Nélida Claudina Delfin