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30 de junio de 2022

revistaalmas.com

Lee desde otra perspectiva

¿Qué archivos íntimos guardas en tu computadora?

Ana Victoria Goicoechea escribe esta historia de la vida real que, aunque los nombres han sido cambiados para preservar la identidad de los protagonistas, narra la experiencia sobre un engaño, uno de los riesgos que muchos desconocen cuando entregan sus computadoras a un técnico amigo y en ella guardan cuestiones de su vida íntima.

INTUICIÓN DESPIERTA

Era de madrugada y hacía calor. Iba a descansar. Sentí que esa noche era perfecta para abrir las ventanas, tirarme en la cama y disfrutar viendo “The Big-Bang Theory”. Agarré el celular para darle una última mirada y vi su mensaje. No recuerdo bien las palabras exactas pero ella estaba mal, se sentía mal. “Voy” le dije. Bajé, agarré la bici, cerré la puerta y pedaleé hasta su casa. – Quedémonos afuera. Noah está en la pieza, si vamos adentro escucha todo. Acomodamos dos sillas y le compartí un cigarrillo mientras me contaba lo que sucedía y cómo se sentía. “Gracias, Aráis, por haber venido” y muchas palabras más me reconfortaron esa mañana al llegar a mi departamento. Su compañía comenzó a ser más frecuente y creé un nuevo vínculo. Pasaron los años y la amistad fue transformándose conforme a como crecimos. Algo me hacía dudar… Señales llegaron que no fui capaz de percibir, en su momento.

Pero la intuición no descansa, no desiste, y una y otra vez estuve presa de esa extraña sensación. Me encontré con Casimiro, gran amigo de años, con quien pude compartir buenas charlas. Aunque hubo una que fue distinta. Me sentía rara, nuevamente con esa sensación, esa leve intuición. Karla, compañera de Casimiro y mi amiga, lo notó. No pasó mucho tiempo para que sucediera aquello. Nos reunimos una tarde y conversando le confieso que no me sentía cómoda con Casimiro pero no tenía motivos para sentirme así, por ende no sabía cómo afrontar la situación. Ella reaccionó tan rápido que apenas pude procesar que mi intuición valía más de lo que creía. Casimiro me escribió esa misma noche. Pedía juntarnos, quería hablar conmigo. Cuando llegaron estaba tan apurada por irme a trabajar que no pensaba dedicarle mucho tiempo al asunto. Pero el trabajo pasó a segundo plano. – ¿Qué pensás de Casimiro? Me preguntó Karla. – ¿Qué pienso de él? Mmm, que es una excelente persona, siempre lo fue. Él estaba nervioso, podía verlo. Entonces habló. – Hace unos años le conté a Saori que me gustabas… Saori, la pareja de Noah. Ella… – …me pasó una foto tuya, íntima. Me preguntó si quería más y entré en el juego. Mi respiración se entrecortó por unos segundos y mi cabeza se llenó de preguntas que difícilmente podría responder. No podía procesar todo lo que eso significaba para mí. Se me nubló la vista y poco pude hacer para retener esas lágrimas de bronca, ira y decepción. – Me contó que cuando cortaste con Cecilio, él llevó su computadora a Noah para formatearla. Cuando pasaba sus carpetas a otro dispositivo vio unas carpetas con fotos y videos tuyos. Las copió y las pegó. También las compartió… “No sabés, el otro día vino Cecilio. Le dejó la computadora a Noah para que se la formatée. Vimos que había cosas tuyas pero, ¡no te preocupes! le borramos todo para que no las tenga más” Eso fue lo que me dijo la noche que fui a acompañarla, esa noche en la que dejé mis planes de lado para estar con ella. “Perdí todo lo que teníamos juntos. Me eliminaron todo” recuerdo que me había escrito Cecilio esa misma semana. Nunca hubiese sospechado, jamás. – Sinceramente no fue sólo eso, Aráis. También pasaron más cosas hasta hace poco. Perdón por no habértelo dicho antes, no sabía cómo. Te preguntarás cómo siguió todo. Bueno, todavía siento un poco la herida (por decirlo de algún modo), supongo que estoy aprendiendo. Tambaleé, desconfié de más, tuve mucho miedo, me desorienté un poco… pero ninguna traición va a ser tan fuerte como para no permitirme avanzar. Yo estoy despierta, mi intuición también. Agradezco tener una lección más en mi vida, y no me regocijo en ellas… simplemente vienen a darme más herramientas para repeler ese mal del que algunos intentan hacerme parte. Todavía no tuve la oportunidad de enfrentarlo con Saori, pero qué más da. Las personas no son eternas y yo aquí he soltado lo que por mucho tiempo influyó en mí de manera negativa.

“El perdón es un regalo silencioso que dejas en el umbral de la puerta de aquellos que te han hecho daño” Robert Enright.

Ana Victoria Goicoechea