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24 de mayo de 2024

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Julio Manuel Bielinis, su poesía intimista

Una naturaleza que, al igual que con varios artistas entrerrianos, estimula a crear.
En el corazón de la provincia de Entre Ríos, Villaguay, ciudad cabecera del departamento que lleva su nombre, colmada de historia, cultura, producciones diversas, cuna y lugar de residencia del poeta Julio Manuel Bielinis. (Gentileza de la Profesora Dina Yanowsky).

Nació y reside en Villaguay, Julio Manuel Bielinis, docente, abogado, escritor. Autor de numerosos poemas, que descubrimos en su obra “Intervalo de Sombras”, un solo libro de tantos que ha escrito -el único al que hemos tenido acceso- ya nos permite vislumbrar un enorme compromiso con su espacio; el íntimo que se ve reflejado en la fe en Dios, el homenaje a sus amigos, a personas que han ocupado un lugar importante en su vida, sensaciones y afectos; y el espacio geográfico, donde expone elementos de una naturaleza que se encuentra en sintonía con sus sentimientos, como así también el mundo urbano con sus peculiaridades.

“Intervalo de Sombras”, publicado en el año 2004, uno de tantos libros que reúne los más relevantes poemas de este eximio poeta que entrañablemente despoja su sensibilidad.

Su obra circuló durante los primeros años de producción por diarios y revistas locales; participó también este autor en medios radiales y televisivos de su localidad, hasta que en el año 1994 publicó su primer libro, “La palabra unitiva”. También ha presentado su labor literaria en escuelas y centros culturales.

Villaguay, Parroquia Santa Rosa de Lima, inaugurada en 1835. En su interior se conserva una imagen muy antigua de la Virgen María, además de la imagen de la Santa Patrona, cuya festividad se celebra el 30 de agosto de cada año. (Gentileza de la Profesora Dina Yanovsky).

Nuestro itinerario parte del poema “Viaje a la nostalgia”, en el que Bielinis inicia un recorrido desde el río, descubre allí las gaviotas que a través de sus vuelos, fugazmente, lo conducen a lejanos recuerdos de comportamientos que hoy evalúa con cierta pesadumbre, arrepentido casi; sin embargo, en la copiosa nostalgia, que acarrea esa catarata de entusiastas y fervorosas actitudes de otros tiempos, alcanza a percibir el fin de la vida, puesto que todo lo conduce a un cántico de esa estación que se vincula con la cercanía de la vejez, el otoño.

Un calificativo para cada elemento que nombra el poeta. Una adjetivación que embellece el poema.

El otoño, en la naturaleza y en la vida, sinónimo de despedida, de un inminente final; paradójicamente, sus colores nos cautivan en sus diversas tonalidades. (Imagen tomada en cercanías de la Represa “Salto Grande”).

“Silueta”, como si apenas el poeta pudiese vislumbrar esa presencia humana, con un acento por momentos melancólico.

Este autor incorpora en su obra poética el ámbito urbano, en el poema “Silueta”. Caracteriza en él a un transeúnte que, sumergido en sus divagaciones, camina como si buscara la complicidad, en ese espacio que lo cobija, de cada componente de una noche que lo deslumbra, pero que no le hace disminuir su prisa, y lo conduce a reminiscencias de otras noches, transitando otras calles, quizás con las mismas ilusiones. O acaso sea él mismo, reconocido en esa extraña silueta que se oculta en la noche, una noche casi tan misteriosa como ese ser que se aleja, sin siquiera dejar una huella.

Una noche como tantas, una calle citadina, un hombre inmerso en su realidad, una existencia humana que capta el poeta, invade su subjetividad y la configura en la poesía.

“La radiante quietud…”, el autor se enfrenta a un sosegado mediodía, que colma de evocaciones el alma, la lleva a un lugar de decepciones y de engaños, de vanas palabras; hasta que logra entender que antiguos comportamientos, desaparecidos hoy, descuidados con el paso del tiempo, vuelven y se convierten en indicadores que le permitirán recuperar el bienestar, y por qué no, la felicidad.

“… tardías golondrinas de la vida…”, excelente metáfora que Bielinis utiliza para expresar el despertar de ese letargo que se había apoderado del alma humana.
El pino, en el paisaje que Julio Bielinis describe, por su vasta presencia en Entre Ríos, al tratarse de un árbol de rápido crecimiento, de uso ornamental, y al constituir una fuente inagotable de madera y otros derivados.

En un paisaje seductor, el susurro del viento moviliza el murmullo de árboles y flores en el particular poema “La percusión del viento…”, en consonancia con la serenidad del alma del poeta, que en ese remanso lo invade la esperanza y es en ese instante que comprende que aún queda tiempo.

Una imagen auditiva como disparador de un texto que el poeta elige para luego exhibir otras imágenes, las visuales, puestas de manifiesto por medio de una exuberante vegetación y colorida floración.
Colonia San Justo, Departamento Concordia, un espinillo en flor que anuncia la inminente llegada de la primavera. Un aroma exquisito desprende, y así Bielinis lo distingue en su obra.

Con estos poemas que han cautivado a miles de lectores, hemos presentado a este poeta villaguayense, que no escatima recursos si de describir el paisaje lugareño se trata, que no descuida esa naturaleza que tanto le brinda a sus poemas, que de la ciudad también se ocupa, y que todo se convierte en una enorme fuente de inspiración que lo conduce a profundas reflexiones, sobre la vida, los afectos, el paso del tiempo, en síntesis, una magnífica producción que nos incita a seguir explorándola.

Y en este cierre, no podemos dejar de mencionar que, al leer apreciaciones de colegas y lectores de su obra, reconocen ellos en Julio Manuel Bielinis una persona íntegra, noble, altruista, leal.

Agradecimiento: A Agustina Bielinis (nieta del autor) por la fotografía de Juan Manuel Bielinis.

Texto y fotografías: Prof. Nélida Claudina Delfin.