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20 de abril de 2024

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Quietud y belleza natural en tierra de cosecheros

“Monumento al cosechero”, un hombre y una mujer, que portan sendos canastos de naranjas, y que junto a su pequeño hijo completan un cuadro familiar con regocijados rostros, ante la satisfacción de la tarea cumplida. Adelante, como carta de presentación, el nombre de la localidad, “Colonia Ayuí”, para quienes ingresan por la Autovía RN 14.
“Monumento al cosechero”, preámbulo y emblema de la localidad.

Áreas y accesos a la colonia

Mucho por decir tendríamos sobre Colonia Ayuí, un sector urbanizado que refleja un crecimiento importante, un área rural, y una zona que limita con las orillas del río Uruguay.

Lago Salto Grande, Punta Norte, encanto y serenidad, ideal para quienes buscan un entorno apacible.

Si bien tenemos hoy dos posibilidades de acceder a la colonia, que se encuentra a unos 25 km de la ciudad de Concordia, nosotros preferimos siempre tomar la “ruta vieja”, llamada así porque había sido la primera, la única por la cual se ingresaba durante mucho tiempo; lo hacemos a sabiendas de la exuberante vegetación que bordea el camino. Y el camino alternativo surge cuando procedemos desde la Autovía Nacional 14.

“El paisaje será visto como el fiel reflejo del alma de un país”.
 
Joan Nogué

Reseña histórica

Los primeros pobladores de la región se habían instalado por medio de loteos efectuados por el gobierno provincial entre los años 1930 y 1940. Respecto de los asentamientos, podemos reconocer dos períodos, en relación con las actividades productivas de la zona. El primero, ante las posibilidades de trabajos agrarios; el segundo, a partir de la instalación del Aserradero “9 de Julio”, a cargo de Don Próspero Bovino, en la década del 70, con el fin de fabricar envases para la fruta cítrica, y que se mantuvo hasta 1993 en que debió cerrar, ya que las exigencias del mercado sobre el envase para exportación de frutas fueron modificadas y, más allá de intentar otras actividades, la empresa no sobrevivió, con la consabida problemática que ello acarreó.

Era Próspero Bovino un joven uruguayo, que a los 19 años se había trasladado a Buenos Aires, y años más tarde a Entre Ríos, en busca de mandarinas para revender, hasta que logró la instalación de su primera quinta en la zona de Puerto Yeruá, y en el año1942, lo hizo en Colonia Ayuí. Había adquirido dos estancias, una se llamaba “La Colonia”, a la que él llamó “9 de Julio”, posiblemente por la fecha de compra; y la otra “La Lata”; ambas pertenecían a sucesores del Gral. Urquiza. Por estas denominaciones, por aquellos años, la localidad era conocida como Colonia “La Lata”.

Estampa de Justo José de Urquiza, en el área urbana, donación de Don Luis Alberto de Urquiza, bisnieto del General, en el año 2010.

Gracias a la gentileza de la Sra. Belén Serrano, a cargo del Área de Cultura del municipio, tuvimos acceso a material investigativo que la institución posee sobre la fundación del poblado. También pudimos leer el libro “Colonia Ayuí: un pueblo… una historia”, de la docente y escritora Sonia Mabel Barral, una obra significativa para la localidad y sus pobladores, que rescata la historia de la colonia, publicada en el año 2008.

No consta con precisión la fecha de fundación de Colonia Ayuí; sin embargo, esta bibliografía sugiere que se podría considerar como tal la fecha en que fue inaugurada la Escuela N° 16 “Manuel Pacífico Antequeda”, el 25 de mayo de 1944, debido a que se trata de la primera entidad pública responsable de la socialización y alfabetización de sus habitantes. El Sr. Próspero Bovino fue quien donó el terreno y los materiales para la construcción del edificio escolar actual.

Las instituciones educativas hoy

Actualmente, la Escuela N° 16 tiene un edificio amplio, que se aprecia en óptimas condiciones, llamativo y pintoresco, como tantos espacios de la localidad. Imaginamos allí el ingreso y la salida de tantos niños y adolescentes, que en muchos casos han tenido la escuela, no solo como el espacio de formación académica, sino como el único lugar de socialización, esparcimiento y diversión. 

Escuela Primaria N° 16 “Manuel Pacífico Antequeda”. Antes Nacional N° 60.
 

La comunidad cuenta también con una escuela de nivel secundario, lo que permite que los adolescentes permanezcan con sus familias al menos hasta adquirir la mayoría de edad, por un lado; y por otro, la posibilidad de que jóvenes y adultos que antes no pudieron, hoy puedan completar su escolaridad media.

Escuela Secundaria N° 13 “Azahares del Ayuí”, cuyo edificio actual fue inaugurado en el año 2021.

Pudimos dialogar con la Sra. Rectora Prof. Silvana Verón, y con la Prof. Jésica Petelín, quienes amablemente nos entregaron una reseña de la institución.

Se crea la Escuela Provincial de Nivel Medio N° 143 el 26 de marzo de 1999, a partir de la implementación del tercer ciclo de la Educación General Básica (EGB). Esa primera promoción egresó con el título de Bachilleres con Orientación en Ciencias de la Alimentación.

Posteriormente se definió, por votación de los miembros de la comunidad educativa, el nombre de “Azahares del Ayuí”, como símbolo de una zafra abundante, que genera beneficios para toda la localidad.

En el año 2009 pasa a llamarse Escuela Secundaria N° 13. Y un año más tarde, debido a la Re-significación de la Escuela Secundaria, se conformó el Ciclo Básico Común, y se determinó la orientación en Humanidades y Ciencias Sociales; y en 2016, una segunda orientación, Economía y Administración, puesto que los egresados, además de la carrera docente, optaban por carreras relacionadas con esta área, además de la demanda de la región en personas capacitadas para actividades en empresas que allí se instalaban.

Egresados de la Promoción 2023, junto a sus docentes, el día de su Colación de Grado.

En cuanto a la educación de adultos, en el año 2003 se crea el Bachillerato Acelerado Para Adultos, con el título de Bachilleres en Gestión y Administración de Pequeñas y Medianas Empresas. Y recién en el año 2008 se logra la reapertura, y se aprueba más tarde la orientación en Economía y Administración.

En cuestiones de cultura y de saber, sólo se pierde lo que se guarda; sólo se gana lo que se da”.
 

Antonio Machado

Presencia de Artigas, de Mitre, de los sucesores de Urquiza

Un largo recorrido de cruces, campamentos, estadías, conforman la historia de la colonia, como la llegada de Artigas y su gente a raíz de su éxodo en 1811, el campamento de tropas de Bartolomé Mitre, en sus preparativos para la Guerra de la Triple Alianza en 1865, la presencia de Flora Urquiza de Soler, cuyo padre había adquirido fincas en el lugar.

Permanecieron estas tierras varios años en litigio, entre la familia Urquiza y el Municipio de la ciudad de Concordia, hasta que al resolverse la situación, pasaron  a pertenecer al Gobierno de la provincia de Entre Ríos, loteadas y puestas a la venta. A partir de ahí, con mochilas cargadas de sueños y proyectos arribaron hombres y mujeres de diferentes lugares dispuestos a trabajar la tierra. Corría el año 1930.

Se conserva aún en la colonia una residencia, que era amplia, con varias dependencias, parques y jardines con la más variada vegetación, que había sido inaugurada en 1920 por Julio César de Urquiza, nieto del prócer entrerriano que había sido asesinado en el año 1870.

A partir de la década del 50, la población comienza a asentarse en terrenos fiscales, que se ubicaban donde es hoy la Avda. Patria y se encuentra concentrada la zona urbana. A medida que fueron pasando los años, el número de pobladores fue creciendo, al igual que las actividades productivas.

Casa que perteneció a la familia Urquiza. Se empezó a construir en 1916.

El arribo desde la “ruta vieja”

Tres puentes, antiguos pero con la misma misión desde su creación, indispensables para poder avanzar, permiten concentrar una tupida y frondosa plantación, imponente a la vista del transeúnte, con una dignidad que enaltece toda la gama de verdes de nuestra provincia, y conectan en un magnífico desenlace con el cielo azul y diáfano de esas latitudes.

Uno de los puentes de acceso a la ciudad por la ex ruta 14.

En la zona urbanizada, una imagen de San Ramón, el Santo Patrono de la localidad, desde su ermita nos da la bienvenida y nos transmite una sensación de paz, que se completa ni bien descubrimos, sobre un predio prolijo y de intenso verdor, la Capilla San Ramón, pequeña en su aspecto material, pero con la impresión de querer albergar y proteger a todo peregrino que se acerca a expresar su fe, su religiosidad o, simplemente, a conocerla y admirarla como la enorme obra de arte que acredita ser. La cruz y el campanario fusionan el mundo espiritual con el mundo artístico.

Capilla “San Ramón”, en honor al Santo Patrono de Colonia Ayuí. Se celebra su día el 31 de agosto de cada año.

Cuando avanzamos, podemos apreciar una localidad atractiva, prolija, colorida, que demuestra que sus habitantes fueron haciendo crecer este poblado, pujante, con oportunidades para quienes quisieron allí establecerse y convertirlo en su lugar.

San Ramón Nonato, quien como Santo Patrono nos da la bienvenida. Para la fe católica, el protector de futuras mamás, parturientas y recién nacidos.

La calle principal, dividida por un espacio de césped, plantas y flores, que la transforman en avenida, concentra viviendas, instituciones y negocios de diferentes ramos. Al comenzar esa área parquizada, un monumento similar a un altar presenta un evangelio abierto en una página, que consigna una cita de San Juan; bancos a los costados invitan a permanecer por una oración o un momento de meditación.

Un espacio de reflexión a través de una cita evangélica.

Más adelante, un sitio de recreación, en el que pueden efectuar actividad física personas de todas las edades. Alrededor, pinos, eucaliptos, ceibos, árboles cítricos y las más diversas plantaciones. En el mismo espacio, una pintura que presenta un reconocimiento a la mujer en su día.

Un lugar acondicionado para realizar actividad física, en cualquier momento del día.
Homenaje a la Mujer, en el predio de un espacio de recreación y esparcimiento.

Ya hacia el final de la zona urbana, o el comienzo, en caso de que el ingreso a la ciudad sea desde la autovía, el célebre “Monumento al cosechero”, un hombre y una mujer, que portan sendos canastos de naranjas, y que junto a su pequeño hijo completan un cuadro familiar con regocijados rostros, ante la satisfacción de la tarea cumplida. Adelante, como carta de presentación, el nombre de la localidad, “Colonia Ayuí”, para quienes ingresan por la Autovía RN 14.

“La naturaleza es inagotablemente sostenible si cuidamos de ella”.
 
Sylvia Dolson

Organización administrativa

En cuanto a su organización administrativa, en primer término el lugar fue un centro rural de población, con una Junta de Gobierno creada en el año 1985; un año más tarde se fijó la planta urbana. En 1991, se creó el municipio de segunda categoría, a partir de la información que arrojaron los censos respectivos; y veinte años más tarde, el municipio de categoría única. (Fuente: coloniaayui.gov.ar)

Edificio municipal, ubicado en Próspero Bovino N° 30.

Cuenta la localidad con un número estimativo de 4.000 habitantes. El cultivo de citrus y de arándanos forma parte hoy de sus principales actividades productivas, junto con la ganadería, la apicultura y la industria maderera.

Plantación de arándanos, que constituye hoy una de las bases de la economía regional.

Lago Salto Grande, el gran atractivo turístico

En un contexto calmo y acogedor, se funden el azul y el verde en una clásica postal ribereña.

Al dirigirnos hacia la zona que limita con el lago de Salto Grande, un paisaje que amalgama cielo, nubes, río, árboles, flores, garzas, patos y pájaros, nos satura el alma y nos impregna de imágenes soberbias, de espléndidos sonidos y susurros, y de las más exquisitas y generosas fragancias, a tierra, a pasto, a perfume de flores y de frutos.

La garza mora, una de las tantas especies que habitan en el área del Lago de Salto Grande.

Viviendas en diferentes estilos arquitectónicos, diseñadas para turistas y visitantes que deseen permanecer un tiempo en el lugar; embarcaciones diversas, con el fin de disfrutar de un paseo por aguas del lago de Salto Grande, en algunos casos, y de la pesca en otros, completan ese paisaje característico de la zona.

Viviendas en diversos diseños, con magnífica vista al lago de Salto Grande.

De regreso hacia la Autovía 14

Cuando avanzamos por el camino que nos conduce a la autovía, vislumbramos hacia la mitad de un terreno una casa, antigua pero atractiva, de esas que aparecían siempre en los relatos camperos, o que veíamos en las ilustraciones de cuentos infantiles, el clásico molino al lado, dos palmeras al frente, un ibirapitá que en plena etapa de floración luce magnífico, y un bosque de eucaliptos al fondo, elevan a la perfección ese cuadro, fusión de naturaleza y producción arquitectónica, que seguramente inspirará al artista a componer una obra magistral.

Cielo con nubes, árboles y flores, constituyen un majestuoso marco, que encuadra una típica vivienda rural.

Imposible no detenernos ante sublime paisaje, y una de tantas veces, mientras observábamos cada detalle y tomábamos cuantas imágenes podíamos con la cámara fotográfica, descubrimos una silueta femenina que, desde cierta distancia, se nos acercaba. Reconocimos en ella a una mujer, joven aún, que se aproximaba con el fin de auxiliarnos. Y se generó con ella una conversación amena, agradable, en la que nos refirió detalles de su actividad en ese campo, su trabajo con animales, sus cuidados y alimentación, el pastoreo, y una sucesión de temas que se fueron encadenando, y en los que fue intercalando aspectos de su vida personal. La vida la había obligado a ser fuerte, por eso el esfuerzo, la abnegación y el compromiso eran sus continuos estandartes.

La ganadería, también entre las tareas productivas de Colonia Ayuí.

“Nunca se pierde el esfuerzo que ponemos para lograr algo hermoso”.
 
Helen Keller

Y como ella, seguramente muchos seres humanos en ese poblado que a través de estos valores fueron haciéndolo crecer, y mejorar, día a día.

La flor nacional, presente en todo nuestro itinerario, a orillas del lago en este caso.

Y como nos viene sucediendo con cada espacio que visitamos, volvemos siempre que podemos a Colonia Ayuí, a seguir disfrutando, de su paisaje, de las maravillas del lago, de sus calles arboladas, de su cultura, de su historia, de su gente, que la enriquece, que lucha cada día por una ciudad mejor, y que luego con orgullo, la muestra al visitante.

“La productividad nunca es un accidente. Siempre es el resultado de un compromiso con la excelencia, planificación inteligente y esfuerzo concentrado”.
 
Paul J. Meyer.

Agradecimientos: A Claudia Scarzello y Belén Serrano, del Municipio de Colonia Ayuí; a la escritora Sonia Barral; a Patricia Martínez; a las Profesoras Silvana Verón y Jésica Petelín, a todas muchas gracias por su valioso aporte para la elaboración de este artículo.

Texto y fotografías: Prof. Nélida Claudina Delfin