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20 de abril de 2024

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Lee desde otra perspectiva

Con la humildad como bandera y su fidelidad a la poesía

Héctor Jorge Deut celebra la ofrenda de la tierra entrerriana

Manifestamos siempre que haber crecido en contacto con la naturaleza, con el trabajo en la tierra, y junto al río, concede al artista un material único que se constituye en su más significativa fuente de inspiración.

En Concepción del Uruguay, cuna de Héctor Deut, Faro Stella Maris, en honor a la Virgen Patrona de los navegantes, en la costa del río Uruguay, sobre el canal de acceso al puerto; fue inaugurado en el año 1949.

Héctor Jorge Deut nació en Concepción del Uruguay. Desde niño recorrió junto a su padre, distribuidor de frutas y verduras, un camino de búsqueda de estos alimentos, y estuvo así en contacto permanente con el ámbito natural, y con el esfuerzo que implica el trabajo en él. Entendemos de este modo la imponente producción poética en la que ni la bella naturaleza ni las nobles actitudes humanas quedan excluidas.

“Los poetas ven con el lenguaje lo que dice el mundo que los rodea”.
 
(Miguel Ángel Federik)

Héctor Jorge Deut, un poeta cuya obra permaneció inédita durante su existencia, y que encandiló luego, al ser póstumamente difundida.

Su obra se concentra en el libro “El gozo y la elegía”, una recopilación que el autor paranaense Juan Manuel Alfaro efectuó luego del deceso de Deut, con la autorización de los hijos del desaparecido poeta, quienes le facilitaron los escritos en soportes de papel, raros algunos como el caso de formularios o volantes de publicidad; desde viejos papeles amarillentos hasta papeles mucho más nuevos. Intelectuales amigos también aportaron fragmentos de su producción artística, de modo que los lectores hoy podamos conocerla y disfrutarla.

“El gozo y la elegía”: el gran logro de Juan Manuel Alfaro, resultado de un arduo trabajo de exploración, selección y compilación de la obra poética del autor uruguayense.

Haber hallado esta obra en la Editorial de Entre Ríos nos permitió descubrir su poesía, delicada, elegante, sutil, nostálgica, porque el mismo Deut se había declarado “adicto a la nostalgia”; y a la vez, una poesía comprometida con la realidad en la que estuvo inmerso siempre, porque más allá de los temas, su poesía involucra a cada ser que en algún tiempo había transitado los senderos provincianos. Y no pudimos localizar mucho más sobre este ilustre escritor, quizás porque él, desde su discreción haya querido resguardar su creación, como quien se conforma con manifestar cuanto desea, sin la convicción de hacerlo público.

“Siempre me quedó de él un misterio que ya no podré develar.
¿Qué intimidad misteriosa habitaba en él?”

 

(Luis Sadí Grosso)

Un claro ejemplo de la melancolía que invadía al poeta podemos observar en la poesía “El barco de papel”, con reminiscencias de su niñez, donde de repente surge este objeto, que tiene la gracia de la fabricación personal, y una alcantarilla que aún espera por él, a pesar de los años transcurridos.

Varios poetas rindieron homenaje a su infancia a través de este amado juguete casero, el barquito de papel, elemental en siestas en las que afloraba la creatividad, con los materiales que había a disposición.

El Barco de papel

Me inquieta la quietud en la botella

y prefiero los riesgos del ingreso

en un mentido río y es por eso

que en la turbia cuneta va  mi huella.

Y entre gritos y risas, desde aquella

esquina fraternal, mi leve peso

surca las aguas y recibe el grueso

chaparrón estival que me querella.

Si es la niñez descalza cosa bella

y mi razón de ser es ser su preso

unido como estoy por siempre a ella,

con humildad acepto mi suceso:

la alcantarilla espera con su beso

y en él naufraga mi fugaz estrella.

HECTOR JORGE DEUT

“La turbia cuneta”, “el chaparrón estival”, “la alcantarilla”, una serie de vocablos que nos transportan a las siestas infantiles, de lluviosos veranos, de interminables travesuras.

No tuvo Héctor Deut mucha participación en círculos literarios, por decisión propia; sin embargo, ante la insistencia de colegas y amigos formó parte de la Sociedad Argentina de Escritores, Sección Entre Ríos. En esta instancia elaboró el artículo “Recado”, de difusión de autores entrerrianos, en el que él, fiel a esa humildad que lo hizo cultor de un bajo perfil, nunca se incluyó.

“Es sombra de mi sombra esta callada y adusta soledad que me acompaña…”

Héctor Jorge Deut.

Y unido a esa humildad que caracterizó al poeta, la pequeñez de ese corto caudal de agua que constituye un arroyo, el de su infancia, para él mil veces mejor que inmensos y caudalosos ríos del mundo, memorísticamente descripto en “El arroyo”.

Con claridad y convicción, la antítesis entre la enorme hidrografía del mundo y el amado arroyo de su niñez.
Uno de tantos arroyos entrerrianos, en este caso en Distrito Chañar, Dpto. Federal, que embellece el paisaje y hace disparar la inspiración del artista, como el poema antes exhibido.

Maestro, egresado de la Escuela Normal de su ciudad, profesión que ejerció por muy poco tiempo; hasta que se convirtió en empleado bancario y se trasladó a María Grande, luego a Hernandarias, y por último a la ciudad de Paraná, donde se radicó definitivamente. Falleció en la capital entrerriana en el año 2002.

 “Un bancario que escribía poesía”, como lo describió Miguel “Zurdo” Martínez, quien había musicalizado algunos de sus poemas.

Siguiendo con su obra poética, “Chamamé” nos introduce en el entorno de la música, un chamamé que brota del alma del cantor fuertemente inspirado en una “guaina”, que ha conquistado su corazón.

“Chamamé” y el grito del sapucai, largo, agudo, que manifiesta emociones intensas, que en Corrientes, tierra del chamamé, procede de épocas de cruzadas y batallas.
 
“Abraza la guitarra e improvisa el chamamé que silbo fue en su boca…” (Imagen tomada en la localidad de Los Charrúas en el 82° aniversario de su fundación. Año 2023).

Como podemos apreciar, los ejes temáticos de Héctor Deut giran en torno a una lírica intimista, en la que manifiesta sus sentimientos más profundos; un canto a la naturaleza; sucesos históricos; la descripción de personajes del mundo del tango, con un hábil manejo del lunfardo; la presencia de la música en la vida del ser humano.

            “Farabute”, término lunfardo que significa “pícaro”, “de mal vivir”, y que el escritor utiliza para titular un poema cuyo protagonista es un ser astuto y fanfarrón, que pretendía vivir de los demás, vivir del juego, y se encuentra hoy solo, sin recursos, sin ayuda de ninguna clase, y sin otra alternativa que regresar a la casa “de la vieja”, en busca de su perdón y de su auxilio.

Con maestría utiliza expresiones del lunfardo, un lenguaje que trajeron los inmigrantes y que permaneció en el arrabal porteño; y que ha sido también vinculado con el mundo delictivo, por algunas frases que constituirían un “código” entre delincuentes.
“Nuevo Diccionario Lunfardo”. Autor: José Gobello. Escritor, periodista, estudioso del habla popular de Buenos Aires, uno de los fundadores de la Academia Porteña del Lunfardo.

Pescadores, domadores, cantores, matones y compadritos, forman parte del paisaje humano en su obra; árboles, aves, ríos y arroyos, la tierra en cada estación del año, conforman el paisaje natural. Y con ellos despliega incansablemente su pluma en diversas estructuras, como el soneto y la elegía; con innumerables recursos, en particular imágenes y metáforas.

“Su circunstancia inmediata y lo mágico de ese mundo, cuando se vuelve palabra”.
 
Miguel Ángel Federik

“Pescador”, versos en los que brinda Deut un espacio a este personaje, infaltable en la literatura de regiones ribereñas, solitario, desamparado, carente de todo, que cada madrugada, con la misma ilusión, llega a orillas del río en busca de la “pesca milagrosa”; que ve pasar la vida, con la misma rutina, con la misma pobreza, sin quejas, sin lamentos.

Una imponente descripción para una vida injusta, a veces inmerecida, que hace que abunden expresiones subjetivas cargadas de angustia, de abatimiento, de congoja.
Junto al Uruguay, ese inmenso río que lo espera siempre, el pescador, donde por muchas horas permanece firme, con el mismo anhelo.

Incluimos en nuestra presentación una composición de dos estrofas de diez versos, décimas, en las que caracteriza la distinción de “La garza blanca”, un ser al que vincula con la identidad de nuestro suelo, en su quietud y en su vuelo, un vuelo que para él simboliza lejanía, distancia, despedida.

Dos décimas e innumerables recursos poéticos para presentar a esta fina y elegante garza blanca, presente siempre en las márgenes del río.
Marcando presencia, con gallardía, estilizada, con un plumaje de largas y finas plumas, se desplaza por pantanos, lagunas y arroyos de la provincia. Su estampa es símbolo de nuestra identidad ribereña.
 

Nos queda mucho por leer, por conocer y por disfrutar de esta manifestación de la belleza en la palabra del insigne Héctor Jorge Deut, un escritor que quiso pasar desapercibido, que modestamente recorría las calles entrerrianas, que quiso permanecer distante del contexto literario; sin embargo, ese entorno al que prefería observar desde lejos, lo descubrió, y reconoció en él un enorme compromiso con las letras de su lugar, letras que portan las más cautivantes descripciones de la provincia, de su gente, sus valores y sus hábitos, de su paisaje colmado de todos sus componentes, y de sus más puros sentimientos.

“La dimensión de la grandeza de Deut como poeta y como persona estaba en relación inversamente proporcional a su bajo perfil, al que cuidó escrupulosamente”.
 
Abel Edgardo Schaller

Y así, con esta eximia producción poética, escritores, críticos y lectores, podemos asignarle un espacio significativo en la literatura argentina, que quizás sea inferior al que él realmente merece, pero no olvidemos que esto puede ser consecuencia de sus propias decisiones, de esa personalidad que lo definió como un ser sencillo, reservado, tímido quizás, y que llevaba como bandera la humildad. De todos modos, quisimos brindarle nuestro reconocimiento.

Agradecimientos: A Santiago Rebollo Martin, por su colaboración con material fotográfico.

Texto y fotografías: Nélida Claudina Delfin