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20 de abril de 2024

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Víctor Adolfo Seri, un pacto con la cultura de su tierra

Detenernos unos instantes ante un grandioso legado poético

Poeta, escritor, periodista, Víctor Adolfo Seri nació en el año 1935 en la ciudad de Federación, residió gran parte de su vida en Concordia y, por razones laborales, algunos años en Federal; participó en esta última ciudad en la fundación del semanario “El Federal”. Orgullosamente algunos federalenses sostuvieron  que “su corazón siempre estaría en Federal”. Falleció en agosto de 2011, en Concordia.

La antigua Capilla “San Miguel”, en la Vieja Federación, significativa postal del espacio nativo de Víctor Seri.

En la ciudad de Federal era el compositor partícipe del Festival Nacional del Chamamé, uno de tantos eventos populares que se llevan a cabo en la provincia y que nos contactan con la cultura lugareña a través de manifestaciones artísticas como el canto, el baile, las artesanías. Seri lo describió como “un gran generador de afectos; puesto que su realización ha revalorizado valores como la amistad, el terruño, los parientes, el reencuentro, sumados a un cúmulo de sensaciones y emociones motivadas por un incontenible sentimiento colectivo”. (Cita tomada de: unoentrerios.com.ar).

El eslogan de la ciudad de Federal, donde año tras año se realiza el Festival del Chamamé, una pasión en los pobladores del norte entrerriano.

Fue este insigne autor uno de tantos merecedores del premio “Cimarrón Entrerriano”, un mate artesanal que se otorga a quienes por medio del arte expresan todo su compromiso con la provincia de Entre Ríos durante su trayectoria productiva.

Su vasta producción incluye poesías, cuentos, notas, en diferentes medios de la provincia de Entre Ríos. Algunas obras fueron publicadas por medio de la Dirección de Cultura de la provincia; otras han sido musicalizadas.  

Tuvimos la posibilidad de descubrir la obra de Seri por las publicaciones que en algún momento llevó a cabo el diario concordiense “El Heraldo”, que semanalmente nos entregaba una poesía en el suplemento “El Litoral”. Cabe destacar la importancia que han tenido para la difusión de las obras de la literatura regional los diarios del interior del país, con sus respectivos suplementos culturales.

Intersección de Avda. Monseñor Rösch y Ruta 015, ingreso a la ciudad de Concordia, por Villa Zorraquín, lugar de residencia de Víctor Seri hasta su fallecimiento.

Presentaremos en este espacio algunos de sus poemas; sin embargo no podemos dejar de mencionar la antología de cuentos “La raya tordiya y otros cuentos para leer a la siesta”, diez narraciones cuyos personajes son seres con comportamientos extraños, tales como el mismo Diablo, el pescador de la raya tordiya con algunas raras creencias, un hombre misterioso que casi anónimamente transita por el pueblo, otro que en su miseria arremete contra un empleador que le niega “un pique”, entre tantos.

En palabras de Roberto Romani, Seri se introdujo desde muy joven en el mundo poético “siguiendo las huellas de su padre, José Eduardo Seri, autor de renombre que nos legara libros de auténtica creatividad poética”.

Gira su temática en torno al paisaje de su tierra, y a personas que desde su lugar, por su esfuerzo, por su dedicación, por sus actitudes y valores, han dejado una huella, y por ende, han merecido un reconocimiento dentro de su obra poética. Así desfilaron por sus poemas el cosechero, el ferroviario, el soldado, la lavandera, el murguero, el bailarín del festival, entre tantos, por haberse el poeta compenetrado con su vida, con su idiosincrasia, con su sensibilidad, al observar su realidad, o al brotar recuerdos de épocas de su niñez en la, lamentablemente, desaparecida Vieja Federación. Y le permite al lector también conectar con ellos, comprenderlos, y emocionarse.

Colmado de recursos poéticos, seleccionados con genialidad, el poema “Río Uruguay” describe esa tremenda corriente de agua, que forma parte de una naturaleza entrerriana que es incalculable y que sus habitantes lucimos dignamente.

“Viajero sin retorno”, inmenso, perenne, inagotable, así es el Uruguay para los entrerrianos, pero solo Seri puede decirlo de este modo, en estos exquisitos versos.
El Uruguay, de mil formas descripto por el mundo artístico. Junto al ceibo que roza sus orillas, esta imagen corresponde al área del lago de Salto Grande.

Cada poeta, cada artista, tiene algo por expresar sobre el río Uruguay, su magnificencia y su generosidad; y sobre esa enorme cantidad de personajes que con el transcurso del tiempo se han sumergido en él, han transitado sus orillas, cada uno con intenciones diferentes, el pescador, el visitante, el explorador, el topógrafo, el deportista; y a todos ha brindado su atención, a todos cobija.

Costanera de Concordia, a orillas del Uruguay, el río Uruguay, y la ciudad de Salto en la Rca. Oriental del Uruguay. Un río que une, dos patrias, dos nacionalidades y una esperanza.

Víctor Seri ha rendido homenaje a un ser muy particular, “Doña Mangacha”, una lavandera de la vieja Federación, una mujer que lavaba en el río, que todas las mañanas caminaba hasta el río con la tabla y el jabón y que, junto con el posterior planchado, constituía su medio de vida. Y el poeta ha podido describirla con la autoridad de quien ha sido testigo privilegiado de estos hechos durante su niñez, que los ha sabido guardar, y adulto ya, convertirlos en preciados versos.

Invoca el poeta a la lavandera de otros tiempos con preguntas retóricas y exclamaciones que denotan toda la nostalgia que le genera aquella vieja ciudad, sus vivencias y su gente.
Vieja Federación, Playa “Los Pinos”, el río de la infancia del poeta. Recuerdos que quizás hayan permanecido intactos en su alma. (Imagen tomada en Museo de la Imagen).

La voz de un cosechero que apuesta a una recolección fecunda de frutos, y el consecuente bienestar de los suyos, se ve reflejada en “Cosechero de esperanza”, un poema que exhibe la realidad compleja de un sector productivo, que depende de las inclemencias del tiempo, y de todo el esfuerzo físico que requieren sus trabajadores para alcanzar su meta.

Un escritor empático que elige minuciosamente vocablos y recursos para manifestar toda su confianza en el porvenir, ante una problemática que lo introduce en las entrañas de una literatura regionalista.
Ciudad de Federación, las quintas citrícolas por donde, en diferentes tiempos pero con la misma esperanza, peregrinan diariamente los segadores.

Hubiese sido improbable que este autor realista no dedicara un capítulo de su obra al tren, a esa máquina a vapor, que con enorme compromiso y con tanto entusiasmo, su abuelo conducía. Una excelente caracterización efectúa en “Coplas para mi abuelo maquinista”, donde podemos inferir un tremendo anecdotario de su paso por las vías del ferrocarril, un pasado impecable, glorioso, que se contrapone a un presente de ausencias, cuando la estación calló su voz, para siempre. Un presente que quizás su abuelo, como tantos ferroviarios que vieron crecer pueblos y colonias con su paso, no hubiera soportado.

Una historia en un poema, la de su abuelo, que pudo ser la de cualquier ferroviario de nuestra región. Cuatro versos de ocho sílabas cada uno, que otorgan una peculiar musicalidad mientras presenta cada instancia de su tránsito por la estación.
Estación Ayuí, de Ferrocarriles Argentinos, una locomotora cuyo silbato detenía cada poblado con el anuncio de su llegada.

“A un soldado cantor y guitarrero”, una voz que grita el patriotismo de cada rincón del país en esta eximia poesía que surge con el fin de homenajear a los soldados que lucharon en defensa de la patria en la gesta de Malvinas. Una guitarra que un soldado tristemente debió sustituir por un arma de fuego, no obstante, jamás perdió la esperanza de regresar al terruño.

Poesía escrita durante una de tantas noches en las que ganaba la impaciencia, luego del desembarco argentino en Islas Malvinas el 02 de abril de 1982.
Concordia, Parque Ferré, manifestación pictórica que rinde homenaje a soldados de Malvinas, al igual que Seri en su obra poética, al igual que tantos argentinos que de uno u otro modo lo hacen.

De este modo, finalizamos un breve itinerario poético de Víctor Adolfo Seri, breve porque su obra es extensa y este artículo simplemente lo acerca al lector -y lo invita a seguir explorando- a esa poesía elevada, que pone su acento en las peculiaridades de una provincia, o de una región, de su gente, de sus pesares y de sus alegrías, de sus luchas y de sus esperanzas, sin olvidos ni distracciones; con un atractivo color local que, en particular a los lugareños, nos agrada leer; con expresión de sentimientos, teñida de notas nostálgicas del pasado, seguramente de la niñez en la vieja ciudad, aquella Federación que entregó su vida por el surgimiento de una represa hidroeléctrica; y ese mundo de magia y encanto que había invadido tantas infancias, como la de nuestro autor, desapareció para siempre. De ahí la nostalgia y esas ganas tremendas de rendir un culto al pasado, cuando el alma del artista se ilumina, la pluma se apresura, y solo piensa en escribir, sin detenerse. Así se lo exigía a este eximio poeta federaense una próspera realidad, con elementos históricos, costumbristas, paisajísticos. Y él no defraudó, su talento y su inspiración hicieron de ella una creación distinguida, ejemplar, paradigmática.

Texto y fotografías: Prof. Nélida Claudina Delfín.