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3 de diciembre de 2022

revistaalmas.com

Lee desde otra perspectiva

La disciplina como motor de la autoestima en los hijos

Permitir a los niños la falta de disciplina y la dejadez puede significar en el futuro un adulto fracasado y deprimido ante la autopercepción del escaso valor de su persona. Los buenos y grandes logros personales van de la mano de perseverancia en el aprendizaje ya sea de un contenido o de una habilidad. La satisfacción personal ante un logro permite el autoconocimiento de saberse capaz. Hay padres que creen que el trabajo que deben hacer es decirles todo el tiempo “ tú puedes”, “eres capaz”, y otras tantas expresiones similares. Pero cualquier persona tendrá ese sentimiento de poder o capacidad cuando obtenga logros, así estos sean pequeños.

El camino de la autoestima

El término perseverar proviene del latín perseverare, donde per=muy  y severus=serio. Que los niños se tomen con seriedad cualquier actividad en la que se comprometan es el primer paso que los padres deben tener en cuenta camino a la autoestima.

Con la disciplina y perseverancia, antes o después, se llega a la meta.
Esto favorece la autoestima que se refleja en un rostro feliz.

Hay casos en que la fuerza por la motivación que da el talento provoca que la persona sienta la necesidad de la disciplina para que este don crezca. Aunque todos los niños tienen uno o varios talentos, no todos pueden descubrirlos por sí mismos o generarse la perseverancia para llegar lejos. Necesitan el apoyo de los adultos: tutores o maestros. Como el caso de Bruce Lipton biólogo celular, pionero en el experimento de células madres, quien cuenta en su libro La biología de la creencia, cómo descubrió a los 7 años lo que llamó La magia de las células, gracias a una maestra, primero, que le mostró un microscopio y luego a su madre que le compró uno (al final de este artículo se puede leer el interesantísimo relato de Bruce Lipton).

El enemigo de la disciplina, la dejadez

Dice Jim Rohn, en su libro, Mentalidad: La Dejadez es como una infección. Si no se elimina se expandirá por todo nuestro sistema de valores y eventualmente nos llevará a un completo fracaso de lo pudo haber sido una vida próspera y feliz. No hacer las cosas que nosotros mismos sabemos que podemos hacer nos causa sentimientos de culpa y esa culpa nos conduce a una erosión de nuestra autoestima. Cuando disminuye la autoestima, también lo hace el nivel de actividad, en consecuencia, los resultados inevitablemente disminuirán. Cuando se afectan nuestros resultados, nuestra actitud comienza a debilitarse. Cuando nuestra actitud comienza el lento cambio de positiva a negativa, nuestra autoestima y confianza en nosotros mismos disminuye aún más… y así poco a poco se extingue.

La palabra disciplina proviene del latín discere y significa aprender pero es utilizada como sinónimo de buena conducta. En realidad esa conducta es el orden, la seriedad, la constancia para aprender.

“ Todo el mundo tiene talentos pero la habilidad requiere mucho trabajo”-Michael Jordan

Opina Rohn, No es la falta de dinero – los bancos están llenos de dinero. No es la falta de oportunidades – gran parte del mundo libre, continúa ofreciendo las más abundantes posibilidades de los últimos seiscientos años. No es la falta de libros para estudiar– las bibliotecas están llenas de libros y son gratis! .  Y hoy podemos sumar internet.  Todo lo que se necesita para progresar está a nuestro alcance. La principal razón de que muy pocos aprovechen todo esto es simplemente: la dejadez.

Las cuatro acciones que terminarán elevando la autoestima de los hijos

Todo trabajo en equipo favorece la disciplina. Nadie quiere ser responsable de errores por falta de responsabilidad.

Estimule la disciplina en forma diaria:  Todos llegamos a la vida con uno o más talentos. La diferencia entre quienes llegan lejos y quienes no lo hacen se resume en una palabra; DISCIPLINA. La emoción pasa pronto a menos que usted la aplique a alguna actividad de manera perseverante. La disciplina le permite a uno capturar la emoción y la voluntad y traducirlas en acción. Es la clave para incrementar su motivación. Haciendo esto, usted habrá iniciado una nueva y maravillosa etapa en la vida de sus hijos. El mayor valor de la perseverancia es: descubrir lo que valemos, también conocida como AUTOESTIMA. Muchas personas que dictan cursos sobre autoestima no la relacionan con la disciplina. Pero cuando sentimos en nosotros mismos la más mínima falta de constancia, se comienza a erosionar nuestra mentalidad y asaltan las dudas de la capacidad para lograr metas. En los niños pasa exactamente lo mismo. Por otra parte, y lo más importante, la disciplina que se incorpore en la infancia podrá en algún momento opacarse, pero siempre estará ahí diciéndole a la persona, si tienes disciplina lo conseguirás. Nadie mejor que usted como padre puede incorporar en su niño ese sentimiento de autovaloración de su persona luego de una tarea cumplida. La sensación de “yo puedo”; “ yo tengo capacidad para hacerlo” nace cada vez que concluye una actividad hecha con disciplina y perseverancia.

Exija la toma de acción inmediata. El tiempo de actuar es cuando la idea está caliente y la emoción es fuerte. Digamos por ejemplo que el niño quiere practicar un deporte. Si realmente lo deseara, lo que debería hacer es inscribirlo en un club. Tomaría acción tan pronto como le fuera posible, antes de que sus sentimientos disminuyan y antes de que la idea se esfume. Si no lo hace así, observará que sucumbirá a la Ley del Intento Disminuido ( traducido de “The Law of Diminishing Intent” ) Muchos seres humanos intentan tomar una acción cuando una idea se les ocurre. Intentan hacer algo cuando la emoción es alta. Pero si no pasan rápidamente de la “intención” a la “acción”, la urgencia comienza a disminuir. Después de un mes se habrá enfriado la pasión. Un año después ya no estará. Por eso, hay que enseñarles a tomar la acción cuando las emociones sean altas y las ideas fuertes, claras y poderosas. Otro ejemplo, si alguien le habla sobre un tema que le apasiona y él se siente motivado por esa conversación, usted debería comprar un libro sobre el tema, antes de que la idea pase, antes de que la emoción se enfríe. Inicie el proceso entusiasmándose a la par. Él necesita tomar acción; de otra manera la voluntad decaerá.

Critique fuertemente la negligencia: Esto no se refiere a condenar lo que se hace mal o reprender por los malos resultados, sino a una de las más grandes tentaciones que es justamente permitir “aflojar un poquito”. En vez de dar lo mejor de sí, que le permita hacer un poquito menos que su mayor esfuerzo. Con toda seguridad, usted lo habrá iniciado en un lento camino que lo llevará a disminuir su sentido de valía personal.  Hay un problema aún mayor con una ligera negligencia o descuido. La negligencia empieza como una infección. Si no se preocupa por ella, se vuelve una enfermedad y una negligencia lleva a otra. Lo peor de todo es que, cuando la negligencia o los descuidos comienzan, disminuye rápidamente su sentido de autoestima. Una vez que ha sucedido esto ¿Cómo puede recuperar el respeto a sí mismo? Hoy en día, los enemigos de la constancia son las distracciones, sobre todo con las redes sociales.  Esto indica que, los hijos deben acostumbrarse a ocuparse de las redes cuando haya terminado su rutina principal. Si el niño aprende a dedicar un tiempo exclusivo para lo que se comprometió concentrándose al máximo en hacerlo bien, sentirá el placer de cumplir con su objetivo diario, fortalecerá su autoestima y disfrutará sin culpas del tiempo libre.

Cuente las historias que existen detrás de los personajes de éxito: Los niños y jóvenes tienen generalmente como modelos productos finales. Pero las historias detrás del éxito deben ser divulgadas entre ellos. Todos nacemos con uno o varios talentos, pero dependerá de cada quien qué tanto esté dispuesto a trabajar para llegar a donde quiera. Detrás de un científico hay horas de estudio y dedicación, detrás de un gran deportista hay horas de entrenamiento, detrás de un gran músico hay horas de ensayos, y podríamos seguir en una lista interminable. Lo importante es que cada tanto, además de la exigencia en la disciplina, escuche también estas historias motivadoras de sus mayores.

La importancia de los maestros comprometidos.

Bruce Lipton, biólogo celular, pionero en el experimento de células madres, cuenta en su libro La biología de la creencia cómo conoció por primera vez lo que llamó La magia de las células. “Tenía siete años cuando me subí en una cajita en la clase de segundo de la señora Novak, una cajita lo bastante alta como para permitirme colocar el ojo derecho sobre la lente de un microscopio. Para mi desgracia, estaba demasiado cerca y no pude ver más que un círculo de luz borrosa. Al final me calmé lo suficiente como para escuchar que la profesora nos ordenaba que nos alejáramos del ocular. Y fue entonces cuando ocurrió, ese hecho tan importante cambiaría el curso de mi vida. Un paramecio apareció nadando en el campo de visión. Permanecí inmóvil, hechizado por el extraño mundo de esa célula que, para mí, resultaba más excitante que los efectos especiales realizados por ordenador de las películas de hoy en día. En la ingenuidad de mi mente infantil, no consideré a ese organismo como una célula, sino como una persona microscópica, un ser capaz de pensar y sentir. Más que moverse sin rumbo, ese organismo microscópico unicelular parecía tener una misión, aunque no llegaba a comprender qué clase de misión era la suya. En silencio, contemplé «por encima del hombro» al paramecio y observé cómo se desplazaba afanosamente por el fluido de algas. Mientras estaba concentrado en el paramecio, el largo seudópodo de una ameba larguirucha comenzó a entrar en el campo de visión. Mi visita al mundo liliputiense llegó a su fin justo en ese instante, cuando Glenn, el abusón de la clase, me empujó para bajarme de la caja, reclamando su turno al microscopio. Traté de llamar la atención de la señora Novak con la esperanza de que el mal comportamiento de Glenn me diera un minuto más para disfrutar con el microscopio y con lo que en él podía observar. Pero no faltaban más que unos minutos para el almuerzo y los demás niños de la fila exigían a gritos su turno. Justo después de la escuela, corrí a casa y, emocionado, le conté a mi madre mi aventura microscópica. Utilizando mis mejores dotes de persuasión de alumno de segundo, pedí, supliqué y después 11 engatusé a mi madre para que me comprara un microscopio, donde pasaría horas entretenido con ese mundo extraño al que podía acceder gracias a los milagros de la óptica.

En esta historia, la decisión de que los estudiantes conozcan y se involucren, toda vez que sea posible,  en forma concreta con los aprendizajes, puede cambiar el curso de su vida, como le pasó a Lipton.